𝗣𝗼𝗿: 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗠𝗲𝘀í𝗮𝘀 𝗭á𝗿𝗮𝘁𝗲
En política, las traiciones nunca avisan: se cocinan en silencio y estallan como dinamita que utilizan para extorsionar empresarios o intimidar a periodistas. Y eso es lo que ya huele en Huaral. El consejero Víctor Hugo Huaccho, quien en cuatro años no movió un dedo para fiscalizar los abusos de la gobernadora Rosa Vásquez, guarda un silencio que hoy se revela calculado: todo ese encubrimiento tendría precio, y no era barato. Su ambición por el poder lo coloca como el verdadero “candidato en reserva” de APP para la alcaldía provincial de Huaral.
¿Y Juan Díaz Amado? El eterno director del Hospital San Juan Bautista, cargado de escándalos que llegaron hasta el Congreso de la República por compras escandalosas como las camillas telescópicas a una ferretería en la selva, creyó que esta vez le tocaría a él. Ya invirtió miles de soles en pintas y usó hasta a su trabajador que lo llaman “El fantasma”, Adrián Cano, para graficar su sueño en las paredes. Pero de pronto, su propia lideresa, la “cholita” Rosa Vásquez parece darle la estocada y empujar a Huaccho como carta principal. La humillación sería brutal: después de trabajar, gastar y jugarse su nombre, Díaz terminaría desnudado políticamente, usado y descartado.
La jugada es clara. Mientras Juan Díaz carga con los muertos por negligencia y los robos en su gestión hospitalaria, Huaccho carga carteras y guarda silencio. La lealtad se convirtió en mercancía. Rosa Vásquez premia al que la encubre, la protege, al que le entrega la fiscalización como si fuera un regalo, al que permite que el saqueo siga sin trabas. Y APP, el partido de César Acuña, vuelve a mostrar su esencia: no es organización política, es agencia de empleos y compadrazgos donde las candidaturas se venden al mejor postor.
La supuesta noticia de que Víctor Huaccho “se perfila a la gobernación regional” sería solo humo. Una distracción para bajar la marea. El grito a voces es que el candidato real en Huaral será él, el consejero que cambió la Constitución por la cartera de la jefa. La traición a Díaz sería inminente, y lo que hoy ocurre no solo desvela la podredumbre interna: desnuda lo que significa APP en la práctica, un club de lealtades compradas, silencios cómplices y traiciones a conveniencia.
La pregunta es simple: ¿cuánto vale el silencio de un consejero? En APP, la respuesta ya está escrita: vale una candidatura. Y mientras Víctor Hugo Huaccho juega sus cartas en la sombra, Juan Díaz Amado, el eterno aspirante a la alcaldía, repite su letanía de “esta vez sí llego, en la cuarta la hago”. Pero lo que no imaginaba es que su propia jefa, la misma que lo sostuvo pese a los escándalos en el hospital, podría dejarlo condenado al entierro político y con la amarga lección de que en APP la lealtad no existe: solo la traición bien calculada.