Por Emerson Jara
En esta cuarta misiva, os hablo de la única riqueza que no se recupera: el tiempo, el general milenario nos advirtió que la guerra ama la victoria y aborrece las campañas prolongadas ¡Cuánto tiempo ha perdido nuestro Perú en debates que no alimentan, en juicios que no sanan y en esperas que solo desgastan el alma de los humildes!
La estrategia exige que seamos rápidos como el trueno que no da tiempo a taparse los oídos y certeros como el rayo que ilumina la noche en un instante, pero en la gestión de lo público y lo privado, la indecisión es el aliado más feroz del fracaso; cada día que pasamos sumidos en la parálisis de la duda, es un territorio que entregamos al hambre, a la inseguridad y al olvido.
El estratega peruano debe saber cuándo guardar silencio para observar el movimiento del mundo, pero también debe saber cuándo actuar con una contundencia tal que el obstáculo desaparezca antes de darse cuenta. No permitáis que la burocracia del espíritu detenga el impulso de vuestros sueños, que nuestras reformas sean prontas, que nuestro diálogo sea ejecutivo y que nuestra acción sea inmediata; porque sólo en la velocidad de nuestra respuesta reside la salvación de nuestra esperanza.