Por Dante Pacheco:
En los últimos años, la provincia de Huaral creció en medio de la informalidad y del desorden, sin contar con herramientas de desarrollo actualizados o simplemente porque a las autoridades de turno poco o nada les importó el crecimiento desordenado de la ciudad, ello lamentablemente implica que ante la necesidad de viviendas las zonas agrícolas se convirtieron de la noche a la mañana en Lotizadoras y sin tener ningún marco legal que las detengan. Jamás se respetaron las fronteras agrícolas y muy pronto estuvimos rodeados de tierra y cemento diciéndoles adiós al verdor de los terrenos agrícolas.
Crecimiento informal ha dado pie a numerosos centros poblados que carecen de servicios básicos y elementales y que además se cuenten con más de cien lotizadoras que ofrecen en venta lo que antes fueron parcelas agrícolas y que en la mayoría de los casos casi ninguna de estas lotizadoras tiene la documentación en regla.
Ante este panorama más que incierto las autoridades tienen, como corresponde, en hacer una lucha frontal contra tales lotizadoras informales, pero no solamente eso, sino que, además formulando instrumentos de gestión debidamente actualizados, como el Plan de Desarrollo Territorial, o el de Desarrollo Integral, la zonificación, entre otros, deben tomar al toro por las astas y detener la destrucción de los campos agrícolas que aún nos quedan.
La mayoría de las lotizadoras aparecen por el voraz apetito de empresarios que aprovechando la necesidad de los agricultores les compran sus terrenos a precios ínfimos y lotizan las parcelas sin el respectivo cambio de uso ni nada que se le parezca.
Huyera no puede seguir creciendo de esa manera, es hora de ponerle fin a los que negocian con la necesidad de nuestros hermanos agricultores, es hora de salvar lo poco que nos queda de verdor, es hora de replantear el crecimiento urbanístico de la ciudad, tal vez reducir a la mínima expresión el crecimiento horizontal y dar paso al crecimiento vertical; creemos que alternativas sobran, lo que podemos es someternos a la angurria de quienes trafican con estos terrenos y luego pretenden utilizar a las autoridades para sanear los terrenos que adquieren a la mala sin estar debidamente saneados.