POR DANTE PACHECO:
A raíz de un pedido formulado por la defensa legal de Alberto Fujimori, pretendiendo alcanzar el perdón de sus delitos, nuevamente se pone sobre el tapete la discusión del indulto, figura que permitiría que el ex Presidente de la República recupere su libertad; recuérdese que ese tema fue la causa de una serie de problemas que terminaron por traer abajo el Gobierno de Pablo Kuczynski y demás problemas colaterales que involucró a otras personas y personajes.
La jugada que impulsó el hijo menor de Fujimori arrastró a congresistas pues finalmente el objetivo era que don Alberto pudiese disfrutar no solo de libertad en mérito al indulto denominado humanitario, sino que además pudiese alcanzar el don de gracia que anulara su sentencia, tal vez con la idea de perennizar la consabida frase -soy inocente-, palabra que hoy repite el ex mandatario cuando alude ante las autoridades judiciales que la nulidad que se dio en su momento no habría estado bien sustentada. Este pedido abre las puertas a la discusión del tema porque si bien es cierto, la idea es sacar al ex mandatario de la prisión y que pueda disfrutar de sus últimos años con su familia y que como añadidura tiene un cáncer terminal, el objetivo de fondo es que la justicia al darle el indulto borre su condición de delincuente y pase a la historia como quien nunca cometió falta ni delito alguno, cosa que es imposible pero que al generar debate jurídico y político pueda encontrar algún asidero para intentar lograr ese máximo objetivo.
Es verdad que no se puede desconocer que fue Fujimori quien logró estabilizar la economía en nuestro país apelando primero al denominado Fujishock y que en adelante hemos seguido esa misma línea que permite tener una economía fuerte a pesar de la crisis, tampoco se puede desconocer que en su gobierno se arrinconó a Sendero Luminoso acabándose con la violencia terrorista, pero nadie podrá negar que esa lucha trajo consigo un alto costo social donde muchos inocentes cayeron a sangre y fuego, tampoco podremos olvidar que fue un dictador, que cerró el Congreso y que se cambiaron las leyes en su pretendido afán de perpetuarse en el poder; nosotros los periodistas tampoco podremos olvidar la muerte innecesaria del colega Pedro Yauri de Huacho, quien fue vilmente asesinado por los paramilitares que practicaban ejecuciones en respaldo a la dictadura civil. La memoria no puede dejar de recordar que con el fujimorismo se desnudó a empresarios, dueños de medios de comunicación y políticos convertidos en corrutos en la famosa salita del SIN, donde el hombre fuerte de Fujimori, Vladimiro Montesinos distribuía millones de soles como si fuesen caramelos, solo para corromper bolsillos y mentes…eso nunca podrá olvidarse.
Creemos que, por solidaridad, Alberto Fujimori debiera recibir el beneficio de la libertad por la condición de su edad y por el cáncer que la compaña, pero de allí a que se tenga que reconocer que nunca cometió delito o que es inocente, existe mucha distancia.