Por José Ramos Casazola
Me causa profunda extrañeza que el Sacerdote EBERTH CARRANZA haya denunciado a dos ciudadanas, porque, de ser cierto, su conducta no estaría reflejando la esencia del cristianismo, cuya base ética y metafísica está en el amor, el perdón y el principio de no responder a la violencia con violencia.
Yo no juzgo, la motivación que haya podido tener el Sacerdote, pero, si considero que, al efectuar la denuncia, no emite un mensaje de amor y perdón, sobre todo a sus feligreses y a la comunidad católica huaralina, por la sencilla razón de que, como podría el padre EBERTH predicar los evangelios y el sermón de la montaña, si no está predicando con el ejemplo, eso es lo que me preocupa.
El padre EBERTH conoce, mejor que nadie, los evangelios verbigracia: Mateo 5.38-39 «Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra»; sin embargo, ha optado por no perdonar a quienes lo han ofendido, entonces, como podría pedirles a sus feligreses que practiquen el perdón, que anula el pasado, como podría, en su homilía, convencer de que es preferible perdonar y que debemos adecuar nuestra conducta a las nobles enseñanzas que nos brindó Jesús en su breve paso por esta tierra.
El cristianismo, a diferencia del judaísmo y su: «ojo por ojo diente por diente”, nos trajo al mundo una doctrina basada en el amor al prójimo, la compasión, la piedad, el perdón, la solidaridad, la no violencia,
Que grandeza la de Cristo cuando dice en la cruz, casi moribundo, con el dolor espantoso de los clavos, la corona de espina sobre su cabeza, la sed infinita, los dados de los soldados: «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen».
¿Qué le ha pasado al padre Ebert? Con todo cariño y respeto, ha podido más su vanidad de ver maltratada su imagen, se ha dejado llevar por la soberbia, que a veces nos ciega, o simplemente su lado humano ha prevalecido sobre su espíritu cristiano.
Todavía está a tiempo, padre EBERTH, de entregarnos una muestra de su grandeza perdonando a quienes lo han ofendido, a quienes le han faltado el respeto, si ese fuera el caso, pero, denunciar, no es el camino que Cristo nos enseñó, no soy nadie para darle lecciones de cristianismo, usted es un teólogo y supongo que ha leído a San Agustín y ha podido conocer la vida de San Francisco de Asís y su obra cuando nos dice: «Señor, ¡haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia, ponga yo unión;
La superioridad moral del cristianismo sobre el judaísmo, se sustenta, fundamentalmente, en el amor y el perdón, si no somos capaces de perdonar, entonces, no hemos entendido a Cristo y tendríamos que darle la razón a Nietzsche, cuando dice: que el único cristiano que ha conocido, es Cristo.
Quizás, a muchos católicos les desagrade este artículo, pero, quería compartir mi reflexión con ustedes, porque considero un imperativo categórico, escribir siempre lo que pienso, así me cueste la inquina, la animadversión o la ojeriza de quienes no comparten mi opinión.