Enrique Valderrama
Hemos vivido en los últimos años gobiernos realmente extraviados, manchados por la corrupción, la frivolidad o los objetivos menos enaltecedores, como construir autoritarismos de diferente estilo. Cuando se habla de que la democracia es una cuestión que no está en debate en el país, recuerdo que en los últimos cinco años en nuestra patria se han dado dos golpes de Estado: el 30/09/2019 por Vizcarra y el 7/12/2022 por Castillo. Vizcarra, además, es responsable político por las decisiones sanitarias genocidas durante la pandemia y por el encierro medieval que, además, afectó económicamente al Perú.
El drama nacional no se detiene, pues actualmente vivimos en medio de una administración corrupta y frívola como la de Boluarte; una presidenta que, en lugar de transformar el país, ha transformado su rostro, que culpa a la prensa de sus errores, como si el blindaje a Cerrón o a su hermano, la inseguridad o el tema de los Rolex fueran responsabilidad de alguna redacción. Su estrategia de guardar silencio ante el Ministerio Público —que está politizado y parcialmente controlado por Pablo Sánchez— no augura buen futuro para ella, la misma maniobra que usó Pedro Castillo.
Todo este desorden tiene un hilo conductor común, y es el apoyo desvergonzado, interesado y cómplice de Acuña y su grupo Alianza Para el Progreso (APP). Blindaron a Vizcarra, a Castillo y hoy a Boluarte. En este último caso, hasta tienen abiertamente un ministro —como Vásquez en Salud— en el Gabinete, además de casi 20 altos funcionarios de su organización en esta administración. Su apoyo político incluye el blindaje a Santiváñez, el ministro del Interior, que hace tiempo debió ser censurado. Es un canje casi mercantil.
Además de todo esto, APP y Acuña han afectado totalmente el norte del país, que gobiernan en mayor o menor medida desde hace casi 20 años. Ver las pistas y veredas de Lambayeque, el avance del crimen en La Libertad o lo que sucede en Pataz con la minería ilegal nos hace llegar a la conclusión de que el grupo del fundador de la Universidad César Vallejo solo piensa en sus intereses metálicos. Un ejemplo claro es que, curiosamente, algunas universidades públicas en regiones han sido cerradas y, justamente, en esas mismas zonas hay oferta universitaria privada de Acuña Peralta. Hasta septiembre del año pasado, en La Libertad solo habían ejecutado el 9 % de su presupuesto en seguridad ciudadana.
Cuando La Libertad se inundaba en 2017, el gobernador regional de ese entonces, Valdez, su hombre de confianza, se fue a veranear fuera del país. Hace poco, se derrumbó el techo de un centro comercial en Trujillo, matando gente y dejando heridos de gravedad, y su hijo se fue a una fiesta frívola. El propio César Acuña Peralta, actual gobernador, salió del país, seguramente a ver sus mansiones en España o a hacer negocios en Emiratos Árabes, como usualmente hace. Inaceptable.
APP y Acuña han hecho de la política un vil negociado culpable. Esperemos que el pueblo los castigue en las urnas en 2026, en las presidenciales de abril, pero también en las regionales de octubre. Debemos extirpar este cáncer del norte y de todo el país. Son lo peor de la política de los últimos años.