Por Rey Salvador Jara
En Huaral solemos hablar de desarrollo como si fuera un concepto abstracto, cuando en realidad empieza en algo tan concreto como un camino transitable todo el año. No una pista urbana más, no una obra para la foto, sino una vía productiva que conecte lo que se produce con donde se vende, lo que se cultiva con lo que se transforma, y a la gente con oportunidades reales.
La geografía de la provincia es clara y no admite discursos ligeros. La costa —con Chancay como eje logístico— mira al comercio y a los mercados; el valle concentra la producción agrícola más intensa; y la sierra sostiene la seguridad hídrica y una agricultura de altura que sigue aislada por caminos frágiles. Pretender unir estos espacios con ocurrencias o trazos imaginarios es faltar a la verdad. La tarea seria es mejorar y jerarquizar las vías que ya existen, convertirlas en corredores productivos y asegurar su mantenimiento.
Hoy, un productor de Sumbilca o de Ihuarí no pierde competitividad por falta de capacidad, sino por tiempo y costo de transporte. Cada hora adicional en una trocha deteriorada es dinero que no llega a la familia, producto que se malogra, mercado que se pierde. En cambio, una vía rural bien diseñada, con drenaje, señalización y mantenimiento, cambia la ecuación completa. Eso no es ideología: es economía básica.
Huaral no necesita promesas grandilocuentes; necesita prioridades claras. Consolidar el corredor Chancay–Huaral–Aucallama para aprovechar el puerto y el valle; mejorar progresivamente las rutas Huaral–Ihuarí y Aucallama–Sumbilca, enfocándose en tramos críticos; y garantizar accesos eficientes a zonas de acopio, transformación y mercado. No se trata de abrir carreteras donde no corresponde, sino de ordenar el territorio para producir mejor.
Este tema debe convertirse en hito obligatorio del debate electoral. Los candidatos a la alcaldía provincial están en la obligación de explicar, con mapas y cronogramas, qué vías priorizarán, por qué, en qué plazos y con qué financiamiento. Sin eso, cualquier plan de desarrollo es retórico. La infraestructura vial productiva no admite ambigüedades: o se entiende el territorio o se improvisa sobre él.
Invertir en vías productivas tiene alta rentabilidad social y económica. Reduce costos logísticos, integra distritos, fortalece la agroindustria y convierte a Huaral en un verdadero polo de desarrollo de Lima Provincias. No hacerlo es perpetuar la dependencia y el atraso con obras que no conectan nada.