por Francisco Diez-Canseco Távara
El Perú no soporta un Congreso desconectado del ciudadano, capturado por privilegios y deformado por prácticas que han degradado la representación. Nuestra propuesta no es cosmética. Es una transformación estructural del sistema parlamentario: una verdadera Revolución Parlamentaria.
Primero: revocatoria del mandato parlamentario. Si el pueblo elige, el pueblo también puede retirar su confianza. No puede existir un cheque en blanco por cinco años. El congresista que traiciona su programa, incurre en conductas indebidas o se divorcia de sus electores debe someterse al veredicto ciudadano. La representación no es propiedad privada: es un encargo.
Segundo: eliminación del sueldo fijo. El congresista no debe tener un salario garantizado como si se tratara de un empleo burocrático. Se sustituye por una dieta por concurrencia efectiva al Pleno y a las comisiones de trabajo. Quien no asiste, no cobra. Quien no produce, no recibe. Se acabó el privilegio sin rendimiento.
Tercero: fin del transfuguismo. El escaño pertenece al proyecto político presentado al electorado. Si un parlamentario abandona su bancada, automáticamente lo reemplaza el accesitario. Así se respeta la voluntad popular y se termina con el mercadeo de conciencias que ha desnaturalizado el sistema.
Cuarto: eliminación de la llamada “semana de representación”, convertida muchas veces en turismo político. En su lugar, cada congresista estará obligado a mantener una oficina permanente, abierta 24/7, en su circunscripción. Como los tribunos del pueblo en la antigua Roma, el representante debe estar siempre accesible al ciudadano, no aparecer esporádicamente para la foto.
Quinto: reducción drástica del aparato asesor. La proliferación de asesores ha sido caldo de cultivo para los “mochasueldo” y para redes clientelares. Solo se permitirá un asesor por congresista y dos por bancada. Las comisiones, hoy saturadas de asesores, también serán racionalizadas. El Parlamento debe legislar, no convertirse en una agencia de empleo político.
Esta Revolución Parlamentaria no busca debilitar al Congreso; busca dignificarlo. No pretende confrontar con la democracia, sino rescatarla. Un Parlamento austero, responsable y controlado por la ciudadanía es la base de una República seria.
El Perú necesita instituciones que sirvan al pueblo, no que se sirvan de él. Esa es la esencia de la Revolución Parlamentaria que proponemos.
(*) Presidente de Perú Acción
Presidente del Consejo por la Paz