José María Balcázar asume la Presidencia: ¿Quién gana y quién pierde?

Por: Andrés Tello Velazco

La política peruana acaba de vivir una de sus ironías más graves. Se censuró a José Jerí con el argumento de “recuperar el perfil institucional del Congreso” y el resultado ha sido colocar en la Presidencia interina del Perú a un representante de Perú Libre, el partido de Pedro Castillo. Este no es un hecho aislado. Es la consecuencia directa de una cadena de decisiones políticas, cálculos fallidos y alianzas tácticas que hoy reconfiguran el poder en el país.

Pedro Castillo fue elegido para gobernar entre 2021 y 2026 y terminó preso por intentar dar un golpe de Estado. El hombre que hoy asume interinamente la Presidencia es parte de ese partido, ha defendido públicamente a Castillo y ha sostenido que debería ser indultado, es decir, quien ahora encabeza el Estado ha avalado el intento de golpe del 2022.

El error de cálculo de la derecha

Renovación Popular y su líder, Rafael López Aliaga, secundado vehementemente por Norma Yarrow En su afán por demostrar carácter y firmeza, impulsaron la salida de Jerí bajo la premisa de que era necesario “ordenar la casa”. El mensaje era político: marcar distancia, capitalizar desgaste y proyectar liderazgo.

Pero no midieron el tablero, jamás imaginaron que la jugada terminaría colocando al frente del gobierno a un congresista de la izquierda radical. Su apuesta era reemplazar a Jerí por una figura que consolidara su sector. Su candidata, María del Carmen Alva, no logró los votos suficientes. La soberbia de creer que tenían los números amarrados terminó en derrota.

El resultado es brutal: intentando debilitar una conducción cuestionada, terminaron entregando el Ejecutivo interino a quien representa exactamente lo contrario de su discurso ideológico, literal les salió el tiro por la culata.

Los verdaderos ganadores: los pragmáticos

Pero si alguien ganó en este escenario no fue la izquierda por mérito propio ni la derecha por estrategia, ganaron los expertos en aritmética parlamentaria: Podemos Perú, de José Luna Gálvez, y Alianza para el Progreso, de César Acuña.

Son los partidos que han demostrado mayor capacidad para sobrevivir a cualquier gobierno, adaptarse a cualquier coyuntura y asegurar presencia en gabinetes, ministerios y estructuras administrativas, ya habían tenido influencia en gobiernos anteriores, habían colocado ministros, habían administrado cuotas. Sus votos, terminaron siendo determinantes en la elección del nuevo presidente interino.

No se trata de ideología. Se trata de poder, mientras unos jugaban a la confrontación y otros agitaban discursos, estos bloques aseguraron posición y margen de negociación.

“Nadie sabe para quién trabaja”, dice el dicho popular. La frase parece describir con precisión el momento actual.

En resumen: unos jugaron a incendiar para ganar aplausos y otros llegaron con baldes… para llevarse el agua. Y en medio queda el Perú, con menos estabilidad, más desconfianza y una democracia debilitada en el peor momento.

El riesgo real

Hoy el Perú tiene una presidencia interina encabezada por un congresista de Perú Libre, partido que defendió a Castillo incluso después del intento de golpe. Existe el temor político —legítimo— de que desde esa posición se pueda intentar favorecer narrativas de impunidad o impulsar gestos que relativicen la gravedad de lo ocurrido el 7 de diciembre de 2022.

La lección

La democracia no se defiende con gestos impulsivos ni con cálculos de campaña. Se defiende con responsabilidad estratégica, la historia juzgará si esta jugada fue solo un error político o el inicio de una nueva etapa de desorden institucional. Pero una cosa es clara: cuando el poder se mueve por soberbia o por repartija, la democracia siempre paga el precio.

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