Perú: la ilusión de las encuestas

Por: Andres Tello Velazco

En un país de casi 37 millones de habitantes, con más de 27 millones de electores, 26 regiones, 196 provincias y cerca de 1,900 distritos —con realidades radicalmente distintas entre la costa, la sierra y la selva— se ha pretendido construir una “foto electoral” a partir de 1,400 o 1,800 encuestas.

Técnicamente es posible, pero no es suficiente para lo que se está afirmando el último fin de semana. Una muestra de ese tamaño puede servir para una referencia nacional general, (venta de productos comerciales) con márgenes de error cercanos al ±2.5%. El problema es el uso político de esas cifras.

Durante semanas se ha intentado ordenar la elección en bloques: un primer grupo con Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y eventualmente Carlos Álvarez o López-Chau; un segundo pelotón entre 6% y 3%; y un tercero por debajo del 2%. Pero todo cambio en las ultimas 3 semanas.

El electorado peruano, puede ser volátil, pero de ninguna manera justificar estos saltos.

En concreto: cuando el margen de error es ±2.5%, un candidato con 3% puede estar en realidad entre 0.5% y 5.5%. Es decir, puede estar último o peleando arriba. Con esos números, hablar de “subidas”, “caídas” o “tendencias” no es análisis: es construcción de relato o narrativa.

El problema no es solo el tamaño de la muestra, es el país que se pretende medir. El Perú no es homogéneo. Es un país fragmentado, desigual, concentrado en Lima y disperso en su territorio. Con 1,400 casos, lo que ocurre es evidente: las periferias desaparecen, los territorios complejos se diluyen y se termina midiendo una versión incompleta del país, entonces las encuestas, no estén mal hechas, se están usando para decir cosas que no pueden sostener, dejaron de medir y buscaron solo influenciar.

Variaciones mínimas dentro del margen de error se presentan como “crecimiento”, se instala una falsa viabilidad y se empuja el voto estratégico. No necesariamente para ganar la presidencia, sino para algo igual de relevante: alcanzar representación en el Congreso. El objetivo no es reflejar la realidad, tratan de moldearla.

El Perú no está en una elección normal. En los últimos diez años hemos tenido una sucesión de presidentes que evidencia una crisis estructural. El país funciona, en los hechos, como un parlamentarismo desordenado: el Ejecutivo sobrevive y el Congreso condiciona.

Sin mayorías, la política se ha convertido en negociación permanente. Intercambio de apoyos, cuotas de poder, influencia en el Estado. No es percepción, es práctica instalada, hemos pasado de una democracia representativa a lo que muchos ya reconocen como una democracia de la repartija.

Y en ese escenario, las encuestas no ordenan: amplifican el desorden.

Porque intentan medir un electorado que no confía, que no se identifica y que decide tarde, con el agravante que no hay partidos sólidos, no hay liderazgos consolidados, no hay institucionalidad que dé estabilidad. Todo es inestable.

Por eso cambian los rankings, nadie despega, todo parece moverse sin explicación, pero sí la hay, no estamos frente a encuestas equivocadas. estamos frente a un sistema político que ya no produce certezas.

Y en ese contexto, un ecosistema de encuestas sin estándares más exigentes, sin controles reales y permeable a intereses no fortalece la democracia: la distorsiona, el domingo 12 de abril, si los resultados no acompañan a las encuestadoras, siempre tendrán una excusa o explicación técnica a su medida y necesidad.

Cuando la información se contamina, no cae un candidato, se debilita el sistema, y sin credibilidad, lo que queda no es competencia democrática, es incertidumbre, caos y saltos al vacío, de eso se aprovecha algunos y se frotan las manos, para ellos, poco importa quien salga elegido este domingo, lo importante es que tengan congresistas que puedan ser suficientes para negociar votos y que la repartija no pierda poder, en todo caso como siempre decimos, el cambio no lo harán los políticos, lo harán los electores, suerte para el Perú el domingo…..ojala.

“EL FUTURO NO SE PROMETE, SE CONSTRUYE”

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