Cuando la campaña es millonaria, el pueblo y las comunidades campesinas termina pagando la deuda

Por Adrian Purca Bravo

Hay campañas que parecen fiestas populares, eventos, regalan canastas, sartenes, etc., muchos creen que allí está el candidato más querido, el más fuerte o el más respaldado por el pueblo.

Pero debemos preguntarnos con honestidad: ¿de dónde sale tanto dinero? ¿Quién financia esa maquinaria? ¿Qué intereses se esconden detrás de tantos regalos, tanta publicidad y tanto espectáculo?

Porque en política nada es gratis. Cuando una campaña cuesta demasiado, alguien espera recuperar lo invertido. Y, lamentablemente, muchas veces esa deuda no la paga el candidato: la termina pagando el pueblo con obras mal hechas, servicios deficientes, corrupción, abandono e indiferencia.

Quien hoy abraza, sonríe, regala y promete, mañana puede llegar al poder condicionado por quienes financiaron su campaña. Entonces las necesidades reales de la gente pasan a segundo plano, mientras los intereses de grupos económicos, políticos y oportunistas se colocan primero.

Cada voto entregado sin reflexión puede convertirse en años de atraso para las comunidades, cada apoyo vendido por una dádiva puede convertirse en hospitales o postas abandonados, escuelas en mal estado, agricultores olvidados, inseguridad en las calles y en las comunidades, basura acumulada, agua de mala calidad y jóvenes sin oportunidades.

Ha llegado el momento de dejar de elegir al que más gasta y empezar a elegir al que más ama, al que más conoce, al que más sirve y al que no está empeñado con nadie más que con su pueblo.

Porque cuando el pueblo vende su conciencia, pierde su futuro. Pero cuando el pueblo despierta, ningún poder económico puede detener su esperanza.                    

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