Festín con el presupuesto en la Dirección Regional de Trabajo: se aseguran con órdenes de servicios hasta fin de año

Mientras la región Lima aún asimila las consecuencias políticas y administrativas de la condena judicial impuesta a la exgobernadora Rosa Vásquez, una serie de documentos revisados por nuestra unidad de investigación plantea nuevas interrogantes sobre la gestión regional y las decisiones adoptadas en los días posteriores a dicho fallo.

Nuestro equipo tuvo acceso a diversas órdenes de servicio emitidas en la Dirección Regional de Trabajo y Promoción del Empleo con vigencia de hasta seis meses, lo que garantizaría la permanencia de personal contratado hasta finales del año 2026. Según la información recopilada, procedimientos similares se habrían desarrollado en otras dependencias del Gobierno Regional de Lima; sin embargo, por responsabilidad periodística, únicamente informamos sobre aquellos casos respecto de los cuales contamos con documentación verificable.

Un aspecto que llama particularmente la atención es que estas contrataciones habrían sido tramitadas apenas un día después de conocerse la sentencia que condenó a la exgobernadora a nueve años de prisión. La coincidencia temporal resulta relevante y genera preguntas legítimas sobre la planificación y oportunidad de estas decisiones administrativas.

Como corresponde a un medio comprometido con la transparencia, ponemos a disposición de la ciudadanía los documentos que sustentan esta información para que cada lector pueda formarse su propia opinión.

La Dirección Regional de Trabajo se encuentra actualmente bajo la conducción de Kristoffer Sánchez Villalobos, funcionario cuya designación generó cuestionamientos desde el inicio de la gestión debido a observaciones formuladas respecto de su perfil profesional. A pesar de ello, permaneció en el cargo durante toda la administración regional.

Su nombre también ha sido objeto de atención pública debido a su vínculo familiar con Janet Villalobos, quien ocupó una posición de influencia dentro del entorno político y administrativo de la entonces gobernadora regional Rosa Vásquez. Para diversos sectores críticos de la gestión anterior, esta relación ha alimentado cuestionamientos sobre los criterios utilizados para determinadas designaciones y permanencias en cargos de confianza, aunque corresponde a las autoridades competentes determinar si existieron o no irregularidades en dichos procesos.

Más allá de nombres propios, el fondo del asunto merece una reflexión más amplia. Toda orden de servicio requiere disponibilidad presupuestal y la correspondiente aprobación administrativa. En consecuencia, resulta pertinente preguntarse quiénes impulsaron, autorizaron o respaldaron estas contrataciones y bajo qué criterios se tomaron dichas decisiones en un momento particularmente sensible para la institucionalidad regional.

Al mismo tiempo, han comenzado a circular versiones sobre presuntos cobros irregulares a trabajadores beneficiados con renovaciones contractuales. Hasta el momento, estas afirmaciones no han sido acreditadas y deben ser tratadas con la debida prudencia. No obstante, la sola existencia de estos señalamientos evidencia la necesidad de que los órganos de control y las autoridades competentes realicen las verificaciones correspondientes para despejar cualquier duda.

Cabe recordar que el actual gobernador regional, Nicolás Barrera, ha manifestado públicamente en diversas oportunidades su disposición a actuar frente a eventuales actos de corrupción, señalando que cualquier denuncia acompañada de pruebas será atendida con firmeza. Precisamente por ello, los hechos aquí expuestos representan una oportunidad para demostrar que el compromiso con la transparencia no se limita al discurso, sino que se traduce en acciones concretas.

La percepción ciudadana es que, pese al cambio de autoridades, muchas de las estructuras y prácticas que caracterizaron la gestión anterior continúan intactas. Esa sensación, justa o no, constituye uno de los principales desafíos que enfrenta la nueva administración.

Porque más allá de las disputas políticas, lo que está en juego es la confianza pública. Y cuando la ciudadanía percibe que los mismos actores conservan espacios de poder, que las decisiones continúan tomándose entre los mismos círculos y que las promesas de renovación no se materializan, el escepticismo termina ocupando el lugar de la esperanza.

Corresponderá a las autoridades demostrar, con hechos y no con declaraciones, que el Gobierno Regional de Lima ha iniciado realmente una nueva etapa. Mientras tanto, los documentos conocidos y las preguntas aún sin respuesta seguirán alimentando un debate que la ciudadanía tiene derecho a exigir que se esclarezca.

Fuente: Noticias Huacho

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