La noticia cayó como un silencio helado sobre cada rincón de Huaral, y su eco recorrió la región Lima y todo el país. La partida de Anthony Vega Coronado, Gerente de Desarrollo Social, víctima de un accidente que truncó una vida enteramente consagrada al servicio, ha dejado un vacío que solo su inmenso legado podrá llenar con el tiempo.
No despedimos solo a una autoridad, sino, despedimos a un hombre que entendió el cargo como una promesa, no como un honor. Fue un profesional de carta cabal, recto en sus principios y tierno en su trato, supo llevar la responsabilidad con la dignidad de quien sabe que el poder sirve para aliviar, no para enaltecer.
Tu dedicación indesmayable tuvo un sello propio que es la prioridad absoluta por la infancia y la adolescencia huaralina. Mientras otros veían informes y cifras, él veía rostros de los niños de los caseríos más olvidados que necesitaban un espacio seguro, los jóvenes de los barrios que buscaban una oportunidad, las familias que esperaban que alguien las escuchara de verdad. Bajo su conducción, los programas sociales dejaron de ser papeles en oficinas para convertirse en pan, en libros, en esperanza. Asimismo , comedores fortalecidos, talleres de formación, apoyo a la salud y la educación en las zonas más alejadas, llevando justicia a quienes más lo necesitan.
Más allá de estas tierras que te aman, tu nombre ganó respeto y verdad; porque serviste sin pedir fama, con la lealtad de quien ama su heredad.
En tal virtud, tu trascendencia cruzó fronteras provinciales. En la región Lima y a nivel nacional, Anthony Vega Coronado, es sinónimo de ética, constancia y convicción, esa certeza de que el desarrollo no es una dádiva, sino un derecho que se construye con manos unidas. Fue el ejemplo vivo del servidor público que lleva su pueblo en la sangre y trabaja sin descanso para devolverle todo lo que le ha dado.
Hoy el vacío se llena de historia, de todo el bien que tú nos dejaste; tu luz queda en nuestra memoria y en cada sonrisa que tú ayudaste.
Huaral llora su partida, pero se fortalece con su ejemplo. No se ha ido, sino, permanece en cada niño que hoy estudia tranquilo, en cada joven que encuentra un camino, en cada familia que siente que no está sola. A su familia, a su madre, a su compañera de vida, su hija y seres queridos, nuestra solidaridad más profunda y abrazo sincero.
Gracias, mi gran amigo Anthony Vega Coronado, por enseñarnos que la grandeza no está en el cargo, sino en cuanto somos capaces de dar a los demás. Que tu ejemplo sea siempre el faro que guíe a quienes seguimos trabajando por este pueblo que tanto amaste.
Descansa, servidor de gran valía, tu obra vive, no morirá jamás; Huaral te guarda en el alma y tu nombre honrará siempre más y más.