Como el escenario de un bombardeo. Así es el panorama del anexo de Pumpunya, la zona más afectada del distrito de Chongos Bajo (provincia de Chupaca) tras el fuerte sismo de magnitud 5.1 que remeció la región Junín la noche del sábado, 18 de julio.
Situada a 35 minutos de la ciudad de Huancayo, Pumpunya es una localidad rural que está rodeada por cadenas de cerros y que ofrece un mirador hacia todo el valle del Mantaro, siendo parte del patrimonio cultural y geológico de Chongos Bajo.
Pero desafortunadamente fue el epicentro del movimiento telúrico que ha dejado al menos cinco muertos, 32 heridos, 250 damnificados, 48 viviendas destruidas y tres instituciones educativas afectadas, según registros oficiales del Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER).
Un equipo de RPP llegó al lugar y corroboró la magnitud de los daños: viviendas colapsadas, calles agrietadas y algunos predios que, si bien no colapsaron, quedaron completamente inhabitables. Entre la infraestructura afectada, se encuentra también la iglesia local, el local comunal y el mirador hacia el valle del Mantaro, que se derrumbaron producto del fuerte sismo.

En medio del panorama desolador, Epifanio Orihuela observa con pesar -y una dolorosa resignación- el féretro de su hijo de 18 años, que es velado en una losa deportiva donde se ha instalado toda la ayuda humanitaria y donde también se velan a otros fallecidos.
Orihuela contó que toda su familia se encontraba descansando en casa hasta que el fuerte sismo, registrado alrededor de las 9:34 p.m., les sorprendió por la inmediatez en que todo ocurrió: la casa de adobe se destruyó, especialmente el cuarto de su hijo de 18 años.
El otro hijo de Orihuela quedó sepultado entre los escombros, pero logró ser rescatado con vida. Aunque ya recibió el alta médica, ha quedado con lesiones que aún requieren tratamiento y medicamentos.
“Sí, a mi hijo le sucedió ese accidente cuando estaba en su cuarto, ya abrigado, durmiéndose. Ahí ya le agarró a mi hijo, a mis dos hijos. El otro falleció, al otro lo salvamos [sic]”, relató.

“Todo se ha ido, se ha destruido, se ha hecho nada. Estamos en una pésima condición. Yo quisiera que allá Congreso, el presidente [José María Balcázar] le tome importancia”, agregó.
Pese a ser uno de los afectados, Epifanio detalló que aún no ha recibido las carpas destinadas para los damnificados tras el sismo, razón por la cual reiteró el pedido de celeridad en la ayuda para el anexo de Pumpunya.
“Sí, estoy de acuerdo para que nos disponga de otra ubicación. Sí, yo quisiera que me dé apoyo ahora mismo. Mi otro hijo también está salido de alta, pero está en malas condiciones”, indicó.
Una historia similar es la de Neil Contreras (34), quien fue rescatado entre los escombros después de que su cuarto se desplomara y, subsecuentemente, su vivienda quedara destruida.
“Me sepultó completamente, empecé a pedir auxilio. Pedí auxilio a mi papá, mi cuñado. Sí, me empezaron a sacudir, llegaron los vecinos después. Me empezaron a rescatar de todo los escombros, empezaron a remover”, relató.
Denuncian que hay delincuentes que fingen ser rescatistas para robar
Al dolor de perder seres queridos y sus viviendas, se suma un mal que acecha a toda la sociedad peruana: la delincuencia.
Y es que, según denuncian los habitantes de Pumpunya, hay malos ciudadanos que se hacen pasar por rescatistas o voluntarios y aprovechan la confusión para robarse bienes de valor e incluso a los animales.
La teniente gobernadora de Pumpunya, Eulalia Gil Palacios, dijo que hay policías y militares resguardando el sector, pero enfatizó que el resguardo no es suficiente, porque continúan los robos de animales como cuyes, gallinas y corderos. Así, pidió apoyo para redoblar el patrullaje, dado que la economía de la comunidad se basa en la ganadería.
La teniente gobernadora de Pumpunya, Eulalia Gil Palacios, dijo que hay policías y militares resguardando el sector, pero enfatizó que el resguardo no es suficiente, porque continúan los robos de animales como cuyes, gallinas y corderos. Así, pidió apoyo para redoblar el patrullaje, dado que la economía de la comunidad se basa en la ganadería.

“A la presidenta le pedimos que nos apoyen la construcción de nuestras casas. No tenemos nada absolutamente, nuestros víveres, todo está sepultado, nuestros maíces. Nosotros nos sembramos para educar a nuestros hijos. Ahora estamos muy tristes y desgastados…”, lamentó.
Al lugar de la tragedia también han llegado personas de buen corazón a dejar víveres y, en algunos casos, dinero en efectivo a los deudos, como es el caso de una comerciante de la droguería Gloria, quien vino desde Huancayo.
“Si quiera algo para poder apoyar en este barrio que está más afectado”, apuntó.
Otra señora, procedente de Huayucachi (provincia de Huancayo), llegó al lugar para instalar una olla común a fin de alimentar a los damnificados.
“Todos, todos están apoyando y me alegra. Esta causa de dolor que tenemos en estos momentos”, apuntó la teniente gobernadora.
Habitantes están durmiendo en la intemperie en pleno frío: piden más carpas
Si bien ha comenzado a llegar la ayuda humanitaria, los habitantes de la comunidad piden celeridad para las labores de construcción y, prontamente, el envío de más carpas.