Por Emerson Jara
El viento que recorre las calles de nuestro querido Huaral siempre trajo esperanza; esperanza de ver renovada la plaza que vio nacer tradiciones, que recibió a nuestros abuelos y que debe abrazar a nuestros hijos.
Cuando se aprobó la remodelación de nuestra plaza de Armas, todos soñamos con ese día con bancos nuevos, espacios limpios, luces que iluminen nuestras reuniones y un rostro digno para el corazón de Huaral, pero hoy, ese sueño se ve detenido por quienes han decidido pernoctar en el lugar para impedir que la obra avance convirtiendo un proyecto histórico en campo de disputa política. “Yo venía cada tarde a sentarme aquí con mi madre anciana; esperaba verla renovada antes de que se vaya. No entiendo por qué unos pocos nos quitan lo que es de todos “dice una vecina de más de 60 años del centro de Huaral.
No se trata de negar el derecho a opinar ni a reclamar en Huaral siempre hubo voces que alzaron su palabra para corregir errores, pero hay una gran diferencia entre reclamar responsablemente y obstruir deliberadamente una obra ya aprobada, planificada y destinada al bien común. Quienes ocupan el lugar no vienen a dialogar vienen a detener, a demorar y a convertir nuestra plaza en bandera de campañas que nada tienen que ver con el bienestar de los huaralinos.
“Esta remodelación no es de un alcalde ni de un partido, es de todo Huaral. Cuando se politiza lo que es nuestro patrimonio se lastima a quienes esperamos progreso desde hace años”, comenta un vecino comerciante del centro, cuya actividad depende de que nuestra plaza recupere su vida y su movimiento. Es indignante ver cómo unas pocas personas deciden por miles, al pernoctar en el área de construcción ponen en riesgo su propia seguridad y la de los trabajadores, impiden el desarrollo normal de las labores y transforman un hecho memorable para nuestra historia en escenario de enfrentamientos innecesarios. Detrás de estas permanencias se nota la intención de sacar provecho político de lo que debió ser solo una fiesta de renovación para nuestro querido Huaral; se difunden rumores, se crean divisiones y se olvida que la plaza no pertenece a ningún grupo sino a cada familia que ha caminado por generaciones.
No pedimos silencio, pedimos respeto. Respetar las decisiones tomadas por el bien colectivo, respetar el trabajo de quienes vienen a construir y respetar la esperanza de quienes esperan ver nuestra plaza brillar nuevamente. Quienes creen que pueden retener el progreso de Huaral con tiendas de campaña y obstáculos en el camino, se equivocan; la historia de nuestro pueblo no se detiene por intereses particulares ni por cálculos políticos de momento. “Queremos escuchar propuestas, no bloqueos. Que hablen si tienen algo que decir, pero que no impidan construir el futuro”, expresó un grupo de jóvenes vecinos que se reúnen cerca de la obra cada mañana.
La plaza de Armas es el alma de Huaral. No permitamos que se la convierta en botín de disputa. Que termine ya la obstrucción, que avance la remodelación y que volvamos a tener nuestro espacio digno, limpio y abierto para todos; para los que vivieron aquí, para los que viven ahora y para los que vendrán después. El progreso no se negocia con bloqueos; se construye con respeto, diálogo y amor por nuestra tierra.