Por Emerson Jara
La política en la provincia de Huaral ha dado un giro decisivo; en un escenario donde la desconfianza suele ser la norma, la irrupción oficial de Daniel Hernández como precandidato a la alcaldía provincial no es solo un movimiento estratégico, sino un llamado a la cohesión social bajo las siglas de Perú Primero. Su mensaje no busca únicamente captar votos, sino reconstruir un sentido de identidad y propósito común.
Hernández ha sido enfático: el camino hacia el sillón municipal se transita con la «frente en alto», esta premisa sugiere una campaña alejada de los oscuros pasillos del clientelismo y volcada hacia una transparencia radical. Al levantar la «verdad como bandera», el precandidato establece un estándar ético que busca diferenciarlo de las estructuras tradicionales, apelando a un electorado huaralino que exige, por encima de todo, integridad.
El núcleo de esta nueva propuesta radica en una convicción inquebrantable sobre el poder popular, por ello, Hernández sostiene que «cuando el pueblo avanza unido, no hay fuerza que pueda detenerlo», una frase que resuena como un eco de esperanza para una provincia que enfrenta desafíos estructurales en agricultura, seguridad y desarrollo urbano. Por lo tanto, su visión no es la de un líder mesiánico, sino la de un articulador de esfuerzos colectivos.
La alianza con el partido Perú Primero le otorga el soporte institucional necesario para transformar la esperanza en un proyecto técnico viable, el agradecimiento de Hernández hacia la organización refleja una sintonía de valores marcando lo que él denomina el inicio de un «nuevo rumbo», no se trata de un cambio superficial, sino de una reingeniería de la visión política local. En esa esencia: Asumir esta responsabilidad es el primer paso para devolverle a Huaral el lugar que le corresponde por historia y esfuerzo.
Huaral se encuentra hoy ante una encrucijada, el anuncio de Daniel Hernández inyecta una dosis de vitalidad al debate público recordando que la política, en su estado más puro, es el arte de servir con honor; con la mirada puesta en el futuro y los pies firmes en su tierra el precandidato inicia un recorrido donde la mayor victoria será, sin duda, mantener la unidad de su pueblo.