Escribe: Iván Arenas – Politólogo
El accidente ocurrido durante la construcción de un túnel del terminal portuario de Chancay ha abierto algunas dudas sobre los estándares de seguridad utilizados hasta ahora. No obstante que se trata de un accidente muy grave, en el que por fortuna no hay muertos que lamentar, el hecho debe abrir un antes y un después sobre el cumplimiento de estrictos estándares ambientales, sociales y de seguridad. En todo caso ya las autoridades nacionales abrirán investigaciones al respecto. En ese sentido, vale decir que no puede ocurrir otra vez un accidente de semejantes proporciones en una obra que es mirada con atención por toda la región sudamericana y se ha anunciado como una de las obras más importantes en el Pacífico sur. Por tanto, es más que seguro que semejante accidente rebotará muy fuerte y su impacto llegará hasta la propia China.
Ahora bien, en ese sentido si bien este accidente es eso, un accidente al fin y al cabo, diversos medios y analistas han visto una oportunidad para mirar con atención lo que está realizando China y sus millonarias inversiones en esta parte del continente. Algunos incluso creen que hay cierta dosis de “imperialismo” chino en la estrategia de compra de activos y empresas estratégicas en el Perú. Lo cierto es que Chancay tiene una mirada estratégica global para los objetivos trazados por los chinos con la llamada ruta de la seda, una propuesta comercial que trata de acercar las necesidades chinas a los recursos naturales de Sudamérica.
Si bien no podemos desdeñar ninguna inversión venga de donde venga, se equivocan quienes ahora impulsan estrategias para socavar las posibilidades de inversiones chinas en el Perú. Por ejemplo, así como ahora se construye el megapuerto de Chancay, los capitales chinos podrían construir el Tren de Cercanías hacia Lima norte y sur.
¿Qué hubiese pasado si en lugar de casas caídas tendríamos muertos que lamentar? Es obvio que estaríamos frente un escenario bastante negro para las inversiones chinas en el Perú, para su prestigio y reputación, además del huracán de crisis comunicacional.
El detalle con respecto al Puerto de Chancay es otro: cambiará para siempre el paisaje social y territorial de un distrito muy tranquilo. Algunos también creen que estamos frente a la posibilidad que mañana más tarde Chancay se convierta en un puerto con problemas sociales y de inseguridad similares al del Callao. La preocupación es entonces válida y surgen varias interrogantes, entre ellas ¿qué está haciendo la empresa con respecto a su gestión social con la comunidad chancayana en general?
La construcción del Puerto de Chancay es sin duda una inversión espectacular, pero eso no inhibe hacernos algunas preguntas y sobre todo críticas, sobre todo si vemos que algo ha fallado en los protocolos de seguridad. Repetimos, también, que debemos alejar todo intento de que se aproveche el momento y se golpee a las inversiones chinas solo por prejuicios absurdos contra el capital oriental. En todo caso, el país y nuestra región necesitan inversiones.
Sí sería importante que las autoridades regionales convoquen a los funcionarios de la empresa que construye el puerto para integrarlas en un círculo de desarrollo y prospectiva para el beneficio de la región.