Perú debe “ajustarse los pantalones” ante amenaza china: Decreto N.° 835 enciende alerta en Latinoamérica

La todopoderosa China ya no solo avanza con puertos, minerales, tecnología e inversiones millonarias. Ahora también busca extender su ley más allá de sus fronteras y colocar bajo la sombra de Beijing a sus empresas, instituciones y ciudadanos que operan en otros países.

Para naciones llenas de capital chino, como el Perú, la señal no puede pasar inadvertida.

El mensaje de fondo es claro: donde haya intereses chinos, el régimen de Xi Jinping quiere tener capacidad de presión, decisión y defensa, incluso cuando esas actividades se desarrollen en territorio extranjero.

El problema estalló con el Decreto N.° 835, una norma con la que China pretende enfrentar lo que llama “jurisdicción extraterritorial injustificada” de otros Estados.

Bajo ese concepto, Beijing podrá evaluar si una medida legal, administrativa, regulatoria o judicial dictada por otro país afecta su soberanía, su seguridad, sus intereses de desarrollo o los derechos de sus empresas y ciudadanos.

Si llega a esa conclusión, las organizaciones chinas podrían quedar impedidas de cumplir o colaborar con esa disposición extranjera, salvo que el propio Estado chino lo autorice.

Ese es el verdadero riesgo para el Perú. No se trata de un debate jurídico lejano ni de una pelea entre potencias que ocurre al otro lado del mundo.

Se trata de una norma que puede abrir un choque directo entre la ley peruana y la ley china cuando una empresa de ese país opere en sectores estratégicos como puertos, minería, infraestructura, logística, energía, telecomunicaciones o comercio exterior.

¿Qué pasaría si un regulador peruano exige información, impone una sanción, demanda cooperación o dicta una obligación sobre una empresa china y Beijing ordena no cumplirla? La respuesta marcaría hasta dónde llega realmente la soberanía del Estado peruano.

El Perú no puede actuar con ingenuidad. China es uno de sus principales socios comerciales, compra buena parte de sus minerales y tiene inversiones de alto peso estratégico, entre ellas el puerto de Chancay, una obra llamada a cambiar el mapa logístico de Sudamérica.

Pero esa importancia económica no puede convertirse en licencia para operar con reglas propias.

La inversión extranjera es bienvenida, pero ninguna potencia, por grande que sea, debe colocarse por encima de la Constitución, las leyes, los reguladores ni los tribunales peruanos.

Por eso, el país debe ponerse los pantalones. No para romper relaciones con China ni para alinearse ciegamente con Estados Unidos, sino para dejar claro que el Perú no es patio trasero de nadie.

La apertura comercial no significa subordinación. Los tratados, los puertos y los capitales no pueden debilitar la autoridad nacional.

Si una compañía extranjera gana millones en territorio peruano, usa infraestructura peruana y explota oportunidades generadas por el país, entonces debe someterse sin ambigüedades a la ley peruana.

LEY CHINA

En conversación con EXPRESO, el internacionalista Juan Velit advierte que lo primero que debe hacer el Perú es estudiar con seriedad los alcances de la nueva norma china.

No se trata de reaccionar con arrebato ni de encender una crisis diplomática innecesaria, sino de medir hasta dónde puede afectar los intereses nacionales.

La pregunta clave es si una disposición de Beijing puede generar tensiones con la legislación peruana cuando una empresa china opere en sectores sensibles.

“Lo primero que tenemos que hacer en el Perú es evaluar los alcances de la norma que ha sacado China para ver en qué medida nos afecta. Tenemos que evaluarlo, no podemos tomarlo tan precipitadamente”, señala.

Velit reconoce que China busca defender sus intereses, especialmente en un contexto de choque con Washington.

Sin embargo, advierte que ese derecho no puede convertirse en una carta blanca para desconocer las prioridades de otros países. Perú también tiene intereses, recursos y posiciones que deben ser protegidos.

“Nosotros entendemos que China esté buscando reconocimiento y respeto a sus intereses, pero los peruanos también tenemos que buscar nuestros intereses. China también tiene que respetar los intereses del Perú”, remarca.

Esa frase resume el dilema. El Perú no puede actuar como enemigo de China, pero tampoco como subordinado.

La relación comercial no debe confundirse con obediencia política. Si Beijing quiere respeto para sus empresas, el Perú debe exigir respeto para sus normas.

Y si una compañía extranjera opera en suelo peruano, el principio debería ser uno solo: la ley peruana se cumple primero.

CHANCAY EN LA MIRA

El puerto de Chancay es la pieza que cambió el peso del Perú en el mapa regional. Para China, no es solo una obra portuaria. Es una puerta de salida hacia el Pacífico para mercancías sudamericanas. Para Estados Unidos, según Velit, el proyecto empieza a ser observado con recelo geopolítico. El problema ya no es únicamente comercial; también es estratégico.

“Estados Unidos todavía no se pronuncia directamente en relación al puerto de Chancay, pero sí lo percibe como una suerte de cabeza de playa de China en América del Sur”, afirma.

ESTADO FUERTE

Desde el frente económico, Alejandro Indacochea plantea una mirada menos alarmista, pero igual de exigente. Para él, el Perú debe actuar con pragmatismo, porque es una economía abierta, con 23 tratados de libre comercio y vínculos relevantes tanto con China como con Estados Unidos. La prioridad no debe ser tomar partido en una guerra geopolítica, sino defender el interés nacional y generar bienestar para la población.

“Acá tenemos que ser pragmáticos. Lo que me interesa no es asumir posiciones, sino generar el mayor ingreso y dar el mayor bienestar posible a mi población. No debemos caer en los dos extremos”, afirma en declaraciones a EXPRESO.

Indacochea recuerda que China es un inversionista de enorme peso y que Chancay ha dado al Perú un protagonismo que antes no tenía. Sin embargo, también advierte que el Estado peruano dejó vacíos que hoy complican el manejo del tema. En particular, cuestiona que la regulación del puerto no haya sido definida con claridad desde el inicio.

“Un puerto es un monopolio natural geográfico y nosotros tenemos que regularlo. Esto pone de manifiesto que ahí hay un problema, un vacío regulatorio”, señala.

Ese vacío es una lección dura. El Perú suele celebrar la llegada de grandes inversiones, pero no siempre prepara el marco institucional para administrarlas. Cuando surgen controversias, el Estado reacciona tarde, cambia de posición y transmite una imagen de improvisación. Para un país que necesita capitales, esa debilidad puede ser tan peligrosa como cualquier presión externa.

Indacochea sostiene que el Perú debe manejar el tema por canales diplomáticos, con cautela y prudencia, porque no puede poner en riesgo a su principal inversionista. Pero esa prudencia no significa renunciar a la autonomía. La clave es no caer ni en la subordinación a China ni en el alineamiento automático con Estados Unidos.

“Somos un país autónomo y tenemos que definirlo. Perú es demasiado pequeño como para tomar una posición en esta confrontación mundial entre China y Estados Unidos. Tenemos que tener relaciones con todos, pero no parcializarnos”, indica.

El economista insiste en que el Perú debe fortalecer sus organismos reguladores, profesionalizarlos y evitar que cada conflicto termine convertido en un vaivén político. Sin un Estado fuerte, la apertura económica se vuelve vulnerable. Sin reglas claras, la inversión se vuelve fuente de conflicto. Y sin estrategia, Chancay puede pasar de oportunidad histórica a problema diplomático permanente.

“Tenemos que reformar y profesionalizar a los organismos reguladores. El Estado tiene que ser fuerte, bien institucionalizado y con estrategia”, advierte.

El mensaje final es claro: el Perú no debe cerrar la puerta a China ni pelearse gratuitamente con su mayor socio comercial. Tampoco debe actuar como si las nuevas reglas de Beijing fueran inocuas. La respuesta exige firmeza sin gritos, diplomacia sin rodilleras y regulación sin improvisación.

Perú debe ponerse los pantalones ante la amenaza de quedar atrapado entre dos potencias. No para provocar a China ni para obedecer a Estados Unidos, sino para recordar algo elemental: en territorio peruano manda la ley peruana. Y quien quiera invertir, comerciar o construir futuro en el país, debe entenderlo desde el primer día.

Embajadores de Estados Unidos y China protagonizan discusión por soberanía del Perú

El embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, y el embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, intercambiaron una serie de tuits en la plataforma X, como parte de una discusión respecto a la soberanía del Perú.

“Este lenguaje no es diplomático, ¡es coercitivo directo, puro y crudo!“, escribió en Twitter el embajador Jingyang, en referencia a las declaraciones de Navarro, específicamente cuando advirtió al Perú de las consecuencias “de negociar con mala fe con Estados Unidos” —en referencia a la negativa del Gobierno interino en adquirir los aviones F-16 Block 70—.

Al ser increpado por el diplomático chino en Colombia, Navarro cuestionó: “¿Y tú aprendiste la diplomacia leyendo la Caperucita Roja?“. Acto seguido, satirizó algunas líneas del referido cuento como parte de sus argumentos.

Jingyang le respondió al embajador Bernie Navarro, y arremetió contra Estados Unidos y su accionar político. “¿Cuando describes al lobo de Caperucita Roja, no te estás mirando al espejo?“.

“Gritas “libre elección”, pero agitas el garrote de las sanciones, te haces el “país maduro”, pero usas burlas baratas… Con esto solo dejas clarísimo quién es el verdadero lobo», prosiguió el embajador chino.

Acto seguido, Jingyang resaltó el vínculo entre China y Perú y sostuvo que “ningún cuento infantil la va a parar”.

Puerto de Chancay intensifica pugna entre Estados Unidos y China en Sudamérica

El puerto de Chancay, inaugurado en noviembre de 2024, se ha convertido en el nuevo foco de tensión entre Estados Unidos y China en Sudamérica. Desde su entrada en funcionamiento, la obra impulsada por la estatal china Cosco Shipping, con una inversión de US$ 3,400 millones, ha despertado recelos en Washington, que percibe en ella un riesgo a la seguridad regional y a sus intereses estratégicos en el Pacífico.

La general Laura Richardson, comandante del Comando Sur de EE. UU., advirtió que el terminal cuenta con un potencial “uso de doble propósito”, capaz de recibir tanto embarcaciones comerciales como buques de guerra chinos. Sus declaraciones, emitidas en noviembre de 2024, reflejaron el malestar de Estados Unidos ante la creciente presencia de Pekín en América Latina, especialmente en infraestructura portuaria y tecnológica.

En los primeros cinco meses de 2025, el puerto registró operaciones por más de US$ 777 millones en mercancías, superando las proyecciones iniciales y consolidándose como el terminal más competitivo del Pacífico sudamericano. Analistas como Juan Ortiz, del Observatorio de Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, sostienen que la magnitud de la inversión y la tecnología de vanguardia permitirán a Chancay ofrecer costos logísticos más bajos y operaciones más ágiles que cualquier otro puerto de la región.

Sin embargo, esta ventaja comercial está enmarcada en una disputa mayor. La administración de Donald Trump ha adoptado medidas económicas contra Perú, pese al Tratado de Libre Comercio vigente. En abril de 2025, impuso aranceles de hasta el 10 % a productos peruanos, y en julio anunció un nuevo paquete que incluía un 50 % a las exportaciones de cobre semiacabado, valoradas en US$ 910 millones en 2024. Según expertos, estas medidas buscan frenar indirectamente la influencia china en el comercio peruano.

Las tensiones no se limitan al plano económico. Washington ha solicitado al Pentágono opciones militares “creíbles” para garantizar acceso sin restricciones a infraestructuras estratégicas como el canal de Panamá, y podría ejercer presiones similares sobre Perú respecto al puerto de Chancay.

En el plano político, Perú enfrenta el dilema de alinearse con una u otra potencia en medio de su inestabilidad interna, marcada por crisis institucionales y cambios presidenciales frecuentes. EE. UU. ha reforzado su cooperación militar con Lima, incluyendo ejercicios conjuntos y acuerdos para el ingreso de tropas estadounidenses en 2025.

Llegó a China primer despacho de arándanos vía el puerto de Chancay

Tras una travesía que tomó un menor tiempo en comparación con lo que ocurría antes de la puesta en marcha del gran puerto de Chancay, el 28 de junio llegó a China el primer despacho de arándanos peruanos enviado a través del referido terminal marítimo.

Se trató del primer primer contenedor de arándanos peruanos de la temporada 2025-2026, que fue exportado por Fruitist (anteriormente Agrovision). Hasta antes de la puesta en marcha del puerto de Chancay, la travesía desde Perú a China demoraba entre 33 y 35 días. Hoy, esta se ha reducido en 10 días, durando alrededor de 3 semanas.

La llegada del fruto peruano fue celebrada en China con una ceremonia especial realizada en el Mercado Mayorista de Huizhan, en Shanghái, a la que asistieron importantes figuras de la industria y de la representación peruana.

En el evento se destacó la importancia estratégica que tiene el puerto de Chancay en el fortalecimiento las relaciones comerciales entre Perú y China. Además, se puso en relieve que la reducción en el tiempo de las travesías garantiza que los productos agrícolas lleguen más frescos a los consumidores chinos.

El cónsul del Perú en Shanghái, David Gamarra, resaltó la enorme oportunidad que representa para el Perú el puerto de Chancay, básicamente en lo que respecta a la posibilidad de enviar mayores volúmenes de frutas peruanas al mercado chino y en un tiempo más corto.

A su turno, la directora de Calidad y Aseguramiento de Fruitist Asia, la peruana Yanitza Curonisy, destacó el papel del Mercado Mayorista de Huizhan en la distribución de arándanos peruanos en toda China.

Este envío inaugural a través del puerto de Chancay presagia un futuro brillante para las exportaciones de arándanos peruanos a China y otras frutas más que ya están en el mercado de ese país, tales como las naranjas, las paltas y las uvas.

China lanza seria advertencia por el nuevo portaaviones orbital de Estados Unidos: podría iniciar una guerra espacial

El Ejército Popular de Liberación (EPL) de China denunció que Estados Unidos está promoviendo una carrera armamentista en el espacio mediante el desarrollo de un portaaviones orbital, un vehículo diseñado para el despliegue rápido de satélites y armamento. Según un artículo publicado en el PLA Daily, este proyecto, desarrollado por la compañía Gravitics bajo un contrato de 60 millones de dólares, representa una amenaza directa a la seguridad espacial internacional. Además, se advierte que esta iniciativa contraviene el Tratado del Espacio Exterior de 1967, el cual prohíbe la militarización del espacio con el fin de evitar un conflicto bélico fuera del planeta.

La Fuerza Espacial de EE. UU. defiende el proyecto como parte de su estrategia de «control espacial», que busca garantizar superioridad orbital frente a rivales como China y Rusia. Sin embargo, Pekín insiste en que la ambigüedad tecnológica del portaaviones orbital —con capacidad para transportar hasta 10.000 kg de carga útil— podría convertirlo en una plataforma de armas ofensivas y desestabilizaría el frágil equilibrio internacional.

El EPL acusa a EE. UU. de violar el Tratado del Espacio Exterior y escalar la tensión global

Wang Tiantian, experto de la Universidad de Ingeniería Espacial del EPL, denunció que el proyecto estadounidense «aumenta la capacidad bélica de Washington» mientras socava los esfuerzos por mantener el espacio como un dominio pacífico. El contrato otorgado a Gravitics incluye especificaciones que permitirían el despliegue de más de 150 vehículos de destrucción cinética, adaptados desde sistemas antimisiles, lo que facilitaría operaciones ofensivas rápidas.

China ha reiterado que EE. UU. es el «mayor promotor de la militarización espacial», citando también el avión no tripulado X-37B, cuyas misiones clasificadas incluyen despliegues de satélites y maniobras sospechosas. «Esta ambigüedad obliga a otros países a tomar contramedidas», señaló el PLA Daily, en referencia a posibles respuestas del EPL para equilibrar la escalada tecnológica.

Satélites y X-37B bajo la lupa: las pruebas que China señala como «guerra orbital encubierta»

En marzo de 2024, el general Michael Guetlein, vicejefe de operaciones espaciales de EE. UU., admitió que cinco satélites chinos realizaron ejercicios de «combate aéreo en órbita», moviéndose de manera sincronizada. Pekín defendió que eran pruebas científicas, pero Washington las interpretó como un ensayo para operaciones ofensivas contra blancos orbitales.

El X-37B, por su parte, ha completado siete misiones secretas desde 2010, incluida una de 434 días finalizada en marzo pasado. Investigadores afiliados al EPL aseguran que este vehículo podría albergar «armas de precisión de largo alcance», aunque EE. UU. lo describe como una plataforma de experimentación. La falta de transparencia ha incrementado las sospechas de que el portaaviones orbital podría seguir el mismo patrón, generando preocupación en la comunidad internacional.

China le responde a gobierno de Trump y asegura: «Los latinoamericanos no quieren ser el patio trasero de nadie»

En medio de una intensificación de la competencia entre Estados Unidos y China por ejercer influencia en América Latina, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, respondió con determinación a las declaraciones del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, quien aseguró que EE.UU. pretende «recuperar» su «patio trasero» en la región. Wang Yi rechazó tajantemente esa perspectiva, subrayando que las naciones latinoamericanas aspiran a forjar su propio destino y no están dispuestas a actuar como subordinadas de ninguna potencia extranjera.

Esta respuesta se da en medio de una guerra arancelaria entre ambas naciones, con Trump imponiendo el 145% a todos los productos chinos que ingresen a Estados Unidos. Además de su reciente preocupación por la creciente influencia de China en América Latina, particularmente en infraestructuras estratégicas como el Canal de Panamá.

China asegura que América Latina no es «patio trasero de otros»

El canciller chino, Wang Yi, respondió enérgicamente a recientes declaraciones del jefe del Pentágono, Pete Hegseth, quien afirmó que EE.UU. busca «recuperar» su «patio trasero» haciendo referencia a los países latinoamericanos.

«Lo que los latinoamericanos quieren es construir su propio hogar, no ser el patio trasero de otros. Lo que buscan es la independencia, no doctrinas de dominación», dijo el canciller chino, de acuerdo a un comunicado divulgado por la Embajada de China en Brasil en las redes sociales.

¿Qué dijo el gobierno de Trump sobre la influencia China en América Latina?

El último domingo, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, declaró en una entrevista con Fox News que Estados Unidos está «recuperando» el control de su «patio trasero», en referencia a América del Sur y Central, tras años de creciente «influencia» por parte de China en esa región. Estas declaraciones fueron hechas tras su visita oficial a Panamá, donde también detalló los avances obtenidos en su misión relacionada con el canal.

“El presidente Trump dijo […] que China tiene demasiada influencia sobre el canal de Panamá, y que Estados Unidos iba a recuperarlo. […] Eso es exactamente lo que me encomendó. La influencia china no puede controlar nuestro patio trasero, especialmente cuando se trata de una vía fluvial crítica como el canal de Panamá”, afirmó Hegseth durante su intervención televisiva.