Sacerdote acusado de acoso sexual en Chiclayo reconoció delitos y número de víctimas se incrementa

Un nuevo caso de abuso sexual infantil perpetrado por miembros de la Iglesia Católica sale a la luz. Hace unos días, una de las víctimas decidió hacer pública su denuncia y contó la violencia sexual que sufrieron durante su infancia. De acuerdo a lo revelado recientemente, serían siete ya las sobrevivientes que han compartido lo vivido y que, además, buscan justicia.

Todo ocurrió en la parroquia San José Obrero, ubicada en Chiclayo, Lambayeque, cuando las jóvenes eran parte del grupo Infancia Misionera. Los agresores fueron identificados como los sacerdotes Ricardo Yesquén Paiva y Eleuterio Vásquez Gonzáles, quienes ya no ejercen sus labores en dicha localidad.

Obispo de Chiclayo respalda a sacerdotes agresores

En uno de los eventos al que asistió, el obispo de Chiclayo, monseñor Guillermo Cornejo Monzón, fue consultado por los medios de comunicación por las consecuencias que enfrentarán los agresores luego de estas denuncias. Ante ello, precisó que Yesquén “se encuentra delicado de salud y no ejerce el ministerio”. “El otro sacerdote ha dejado de celebrar la eucaristía en una actitud de diálogo”, precisó para Clamores Reque.

Sin embargo, uno de los hombres de prensa argumentó que, días anteriores, Vásquez había sido visto oficiando una ceremonia en la iglesia San Ignacio, de la provincia de Santa Cruz, Cajamarca, región en la que se encuentra radicando desde hace un tiempo.

“Ya hemos conversado otra vez con él y él ahorita ya no está celebrando la misa. Yo le sugerí por esos días y ya hay una carta, incluso, pidiéndole que no celebre. Y, después de eso, yo estoy en diálogo con él para que no celebre en respeto a estas personas que están en dificultades”, acotó. En otro momento, afirmó que este había admitido los hechos por los que se le acusa; sin embargo, “está muy sereno y tranquilo”.

Otro de los aspectos que han sido duramente criticados de la respuesta del obispo fue la falta de un plazo determinado para concretar las pesquisas en torno a estos dos sacerdotes acusados de violencia sexual. “No hay tiempo, el tiempo todavía no porque estamos viendo y aclarando los términos. Estamos haciendo las investigaciones, todavía no hay un tiempo”, argumentó Cornejo.

Finalmente, dejó en claro que no se quitará el apoyo a los curas y que se está “actuando de la mejor manera”. “A nosotros nos preocupan las víctimas y también acompañamos al sacerdote. Somos pastores de todos”, concluyó.

Víctima pide que otras sobrevivientes se unan a su denuncia

infobae

Una de las víctimas, quien fue la primera en compartir su denuncia por abuso sexual en contra de los sacerdotes Ricardo Yesquén Paiva y Eleuterio Vásquez Gonzáles, hizo un pedido a otra de las sobrevivientes para que puedan unirse a esta causa a fin de que no haya más menores afectadas.

“Por cantidad puede ser menos difícil que se pueda hacer justicia. Si encontramos algún caso que está dentro del tiempo en el que no haya prescrito, se sumarían todos los casos. Por favor, si a ti te pasó, no estás sola y podemos ayudarnos. Podemos hacer justicia y evitar que le pase a más personas. Tú no tuviste culpa de nada y no es tarde para hablar”, pidió.

Joven sociólogo barranquino entre las víctimas de fatal accidente en Abancay

Trágico accidente vehicular ocurrió en el sector de Qelloccacca, distrito de Lambrama, en Abancay, donde seis personas perdieron la vida. Un vehículo se despistó y cayó a un profundo abismo.

Entre las víctimas hay se encuentra el bachiller de Sociología egresado de la PUCP, Gregorio Javier López Quispe (32), natural de Barranca, quien estudió su primaria y secundaria en el colegio Sagrado Corazón de Michel.

«…desde joven estuvo comprometido con el trabajo social y el desarrollo de las zonas rurales defendiendo el poder popular. En el Centro Bartolomé de Las Casas se desempeñó como especialista en descentralización y gobernanza territorial, aportando con su experiencia en la facilitación y el acompañamiento de procesos pedagógicos para el fortalecimiento de organizaciones sociales e instituciones…», precisa una nota publicada por el CBC en sus redes sociales.

Q.E.P.D. GREGORIO JAVIER LOPEZ QUISPE.

Las nueve víctimas de la represión militar en Ayacucho

Uno

— Cuídate, no salgas, me dijo, ¡están disparando!

Fue la última llamada que recibió Sheyla Prado Cisneros (18 años) de su padre, el fatídico 15 de diciembre. Para entonces, cinco de la tarde, los militares ya habían salido del aeropuerto a las calles aledañas. Muchos jóvenes corrían, en medio del silbido de los proyectiles.

Un militar se instaló en una esquina y varios vecinos lo vieron disparar directo al cuerpo. Edgar Wilfredo Prado Arango (51), el padre de Sheyla, vivía apenas a media cuadra y vio a un joven que caía herido. Se propuso socorrerlo. Un testigo vio que salió cubriéndose con una calamina, con la convicción de que solo disparaban perdigones. Error. Una bala le llegó por la espalda mientras intentaba brindar auxilio.

No participaba en las protestas. Era un padre dedicado al transporte. Quiso brindar ayuda y terminó fulminado al frente de su vivienda.

Dos

— Con él he almorzado el día 15 de diciembre, a las dos de la tarde. Luego conversamos y me dijo ya voy a volver.

Jhovana es hermana mayor de Jhon Mendoza Huarancca (34 años). Almorzaron juntos. Tres horas después recibió una llamada con la noticia trágica. Ella acudió al hospital. Le dijeron que no estaba. Insistió. Ingresó. Buscó y allí, en una sala, estaba el cuerpo: “como NN”.

Le contaron a Jhovana que su hermano, al promediar las cinco de la tarde, en medio de los disparos, se tiró en una cuneta. Un militar se acercó, lo vio y le disparó sin más.

Jhon Mendoza Huarancca gestionaba con Jhovana una empresa pequeña de transporte. Con eso cubría los gastos de dos hermanos menores y se hacía cargo de su madre, una paciente de cáncer terminal. Todo eso antes del disparo en el tórax que acabó con su vida.

Tres

—Hay un video en el que aparece ayudando a los heridos.

David Hancco se enteró de la muerte de su hermano por las redes sociales. El nombre de Leonardo Hancco Chacca (32 años) circulaba la noche misma del 15 de diciembre, luego de la zozobra que vivió Ayacucho.

Leonardo había salido a las cinco de la mañana, para formar parte de uno de los piquetes del paro. Se había despedido de su esposa Ruth Barcena. La misma tarde de aquel día recibió un disparo en inmediaciones del aeropuerto. Fue trasladado al hospital regional. Fue intervenido quirúrgicamente. Estuvo dando batalla, pero pereció la madrugada del 17 de diciembre.

Natural de Espinar, Cusco, se había instalado en Ayacucho con su esposa Ruth. Dedicó su vida al transporte y cubría la ruta hacia Cangallo y Huancapi. Deja una hija de siete años.

Cuatro

—Estoy yendo, ya vuelvo.

Siete de la mañana. Jhanet Vianca Román Pareja recibió este escueto mensaje de su esposo, Raúl García Gallo (35 años). Su destino era uno de los piquetes del paro en Ayacucho, contra el Congreso y la presidenta Dina Boluarte.

Ella se quedó en su vivienda de adobe, en el asentamiento humano Palacios. A las cinco de la tarde recibió la llamada: “A Raúl le dispararon”.

Ella acudió al hospital regional y un mensaje en clave del personal de salud le confirmó la tragedia: “Señora, tiene que ser fuerte”. Le explicaron que ya no pudieron hacer nada. Una bala le había ingresado por el estómago y salió por la cintura.

Raúl García Gallo era constructor. Tenía con Jhanet tres hijos, ahora huérfanos, de 14, 11 y 9 años. Tenía otro hijo mayor que, paradojas de la vida, había servido en el Ejército. La misma institución que acabó con la vida de su padre.

Cinco

—Anda al cementerio, parece que es él, tu hijo.

Edith Aguilar Yucra recibió una llamada al atardecer, cuando ya había noticias de muertos y heridos. Vivía muy cerca. A tres cuadras. Salió rauda. Cuando llegó, la ambulancia ya había recogido el cadáver de su hijo.

José Luis Aguilar Yucra tenía 20 años y una hija de dos años. Aquel día había salido a trabajar. A su retorno, al atardecer, caminó por la ruta de siempre y se dio con la balacera. Testigos vieron que asomó la cabeza desde una esquina y un proyectil en el cráneo lo dejó tendido, inerte.

Seis

—Ya salgo, tengo que hacer mi trabajo. Luego tengo campeonato, no voy a alcanzar.

Vilma Sacsara recibió este último mensaje de su hijo, Luis Miguel Urbano Sacsara (22 años), mientras salía de su vivienda, a dos cuadras del cementerio. “Ten mucho cuidado, hijo, está peligroso”, le respondió la madre.

Luis Miguel tenía 22 años. Estudiaba Administración en el instituto privado CESDE. Salió de su domicilio al promediar las tres y media de la tarde.

Cuatro horas después, al promediar las siete de la noche, Vilma recibió una llamada desde el hospital. “Señora, ¿usted es madre de Luis Miguel Urbano Sacsara?”. Había fallecido con un proyectil de arma de fuego.

Despedida. Los restos de Luis Miguel Urbano Sacsara (22 años) rumbo al cementerio. Foto: difusión

Siete

—¡Señor, al joven le llegó una bala, ya se lo han llevado.

El señor Reider Rojas Jáuregui estaba inquieto por la balacera que había remecido la ciudad. Su hijo, Clemer Fabricio Rojas García (23 años), había visitado hacia el mediodía a su madre, Nilda García, en el mercado Magdalena. Le dijo que la marcha había sido pacífica y que las personas ya se retiraban.

Pero luego se escuchó la balacera. A las cuatro de la tarde, Reider Rojas decidió timbrar el celular de su hijo. Una voz distinta le informó que ya se lo habían llevado al hospital.

Natural de Quinua, Clemer Rojas estudiaba Mecánica Automotriz en Senati. Durante un año sirvió al Ejército.

Tras la llamada amarga, padre y madre acudieron al hospital regional e identificaron el cadáver de Clemer, quien era el mayor de dos hermanos.

Reider y Nilda buscan reponerse de la partida inesperada del hijo mayor. El siguiente paso será la búsqueda de justicia. Nilda, la madre, tiene una misión adicional: defender la honra de su hijo, a quien un sector político y mediático nacional pretendió tildarlo de violento.

Ocho

La tarde lluviosa del 17 de diciembre, una multitud de personas vinculadas con congregaciones religiosas llegó hasta el cementerio general de Ayacucho. Una banderola inmensa anunciaba a otra de las nueve víctimas de la represión militar: Josué Sañudo Quispe (31 años).

Con rabia e indignación, el padre de Josué, don Germán Sañudo, se disculpó, a través del hilo telefónico, de no ofrecer mayor testimonio sobre su hijo. Y ofreció una razón muy seria: la estigmatización de una sociedad desinformada que tilda, sin mayor reflexión, a todas las víctimas de personas violentas.

Hermandad. Comunidades religiosas acompañaron el sepelio de Josué Sañudo Quispe. Foto: difusión
Hermandad. Comunidades religiosas acompañaron el sepelio de Josué Sañudo Quispe. Foto: difusión

Nueve

—Aló, hijo, cómo estás.

—¿Usted es el padre?

—Sí, qué pasó.

—Su hijo está en el hospital.

Raúl Ramos Loayza estaba en Quinua, a una hora de Ayacucho, cuando hizo esta llamada al celular de su hijo, el 16 de diciembre, un día después de la balacera militar.

Pero la voz de un médico y la noticia de que estaba en el hospital lo tomó con sorpresa y llamó de inmediato a su otra hija para que acuda al hospital.

El día de la paralización, el chico le había dicho a su madre, Hilaria Aime, que iba al cementerio para ganar algo de dinero. Su oficio consistía en limpiar los nichos y regar las flores.

El cementerio queda al costado del aeropuerto, donde se habían instalado los militares y reprimían con balas a los grupos que habían ingresado, como parte del paro regional.

Fue entonces que el chico estaba en inmediaciones del cementerio y recibió una bala por la espalda. Se llamaba Christopher. Tenía solo 15 años.

“Mi amorcito vuela alto con los ángeles”: hablan los padres de las víctimas de la masacre en Texas

Un niño que amaba bailar, la niña “más feliz del mundo”: estas son algunas de las víctimas que murieron a balazos el martes en una escuela primaria de Texas. El autor ha sido identificado como Salvador Ramos, de 18 años, pero aún no se conoce qué motivó el ataque.

Amerie Jo Garza, la hermana mayor

Amerie Jo Garza, una niña pequeña con una sonrisa enorme, acababa de celebrar su décimo cumpleaños a mediados de mayo.

Durante muchas horas el martes 24, su padre Ángel Garza no tuvo noticias de su hija.

“No pido mucho o casi no posteo aquí pero por favor ya han pasado siete horas y todavía no tengo noticias de mi amor”, escribió en Facebook, junto con una foto en la que abrazaba a su hija, sentada en su regazo con un vestido rosado.

Unas horas después, nueva publicación en Facebook: “Gracias a todos por sus oraciones y por ayudarme a encontrar a mi bebé”, publicó. “Mi amorcito ahora vuela alto con los ángeles allá arriba”.

“Te amo, Amerie Jo”, escribió. “Cuida a tu hermanito por mí”.

Ellie García, “una muñeca”

“Nuestra Ellie era una muñeca”, dijo su padre, Steven García, en Facebook. “Era la más feliz del mundo…”

“¡Iba a hacer de DJ para ella en su fiesta como me pidió!”, aseguró en una publicación.

“Mamá y papá te aman, nunca lo olvides y por favor trata de quedarte a nuestro lado, Amor”, agregó.

La madre de Ellie, Jennifer Lugo, también publicó muchas fotos de su hija en las redes sociales.

“Tengo el corazón roto”, escribió, junto a una foto de Ellie, con un lazo blanco en el pelo y una gran sonrisa en su primera comunión el año pasado. “¡Te extraño, mi bebé!”, dijo Lugo.

Foto de Ellie García, niña que falleció en el tiroteo de Texas. (Foto: Facebook)
Foto de Ellie García, niña que falleció en el tiroteo de Texas. (Foto: Facebook)

Eva e Irma, las profesoras

Eva Mireles, de cuarenta y tantos años, fue una de las dos maestras asesinadas el martes por el pistolero de 18 años que abrió fuego en la Escuela Primaria Robb.

Educadora desde hacía 17 años, le encantaba “correr, caminar”, según su breve biografía publicada en el sitio de la escuela. “¡¡Y tal vez me veas montando en bicicleta pronto!!”, dijo.

Eva Mireles estaba casada, tenía una hija graduada de la universidad y tres mascotas.

La otra maestra fallecida es Irma García, según indicó al canal televisivo NBC su hijo, Christian García.

La profesora llevaba 23 años ejerciendo de docente en el centro escolar y, según la versión de su hijo, se erigió en escudo humano para proteger a sus estudiantes durante el tiroteo.

García, casada y con cuatro hijos, fue finalista en 2019 junto a otros 18 profesores del área de San Antonio (Texas) del premio de la Universidad Trinity a la excelencia en la enseñanza.

Irma García y Eva Mireles, las profesoras que fallecidas. (Foto: Twitter)
Irma García y Eva Mireles, las profesoras que fallecidas. (Foto: Twitter)

Xavier López, el bailarín

A Xavier López, de 10 años, “le encantaba bailar”, dijo su tío Benito Martínez a Fox News el martes por la noche.

“¡Imagínense! Hasta bailaba lleno de sudor, no le importaba”, contó sobre el pequeño de cabello oscuro.

“El domingo pasado estuvo en el cumpleaños de mi hija”, recordó. “Y estaba bailando”.

También tenían diez años tres de las otras víctimas identificadas hasta ahora: Rojelio Torres y las primas Jackie Cazares y Annabelle Rodríguez. El último alumno identificado por el momento es Uziyah García, cuya muerte fue confirmada a los medios por su abuelo, Manny Renfro.