POR JOSÉ RAMOS CASAZOLA
La insensata, estúpida e irracional decisión de los dirigentes aliancistas de apagar las luces en el estadio de Matute, para aguarle la celebración a universitario, pone en evidencia, el nivel intelectual, cultural y espiritual de quienes dirigen al club Alianza Lima.
Schopenhauer decía: que solo hay dos cosas INCONMENSURABLES en el mundo, una es el universo y la otra es la estupidez, y ante el vergonzoso comportamiento de estos energúmenos, pienso que, cuánta razón tenía el filósofo alemán.
Y es que, hay que ser extremadamente estúpido para perpetrar un acto, como el apagón, que constituye un crimen y exponer al peligro a tu propia gente, a los niños, ancianos y mujeres que son la razón de ser del equipo, hay que tener una mente desquiciada, perversa, proterva, para hacerles pasar momentos de desesperación, tension, angustia y pánico a tus propios hermanos, a tu familia, solamente para hacerle pasar un mal rato a tu rival.
La estupidez, ilimitada, de estos insensatos, pudo convertir, un hermoso espectáculo, en una truculenta y ominosa tragedia, contra su propia hinchada.
Pero, si lo sucedido constituia una criminal y abyecta estupidez, el comunicado emitido por el Club Alianza Lima, señalando: «que apagaron las luces para poder evacuar más rápido», ya ni siquiera se le puede catalogar de estólido, ya es tan surrealista, tan inverosimil, tan descabellado, que no hay epítetos para calificarlo.
Este comunicado es un insulto a la inteligencia, una ofensa al sentido común de todos los peruanos; estos nefastos dirigentes piensan que los peruanos somos oligofrénicos, para creerles que apagaron las luces para evacuar más rápido, tanto nos pueden subestimar estos criminales.
Dios ha impedido una tragedia en Matute, ahora solo queda que el brazo de la justicia alcance a estos miserables, que no tuvieron el menor reparo en cometer el delito de exposición de personas al peligro.
Cuando uno expone a sus seres queridos al peligro, comete el peor y más horrendo de todos los crímenes y por eso los dirigentes, que dieron la orden, deben pagar con cárcel, esta aberrante decisión de apagar las luces para impedir la celebración de un justo campeón.
Si todavía les queda un poco de dignidad, deberían renunciar por un mínimo de respeto y como un acto de perdón y contricción ante su hinchada expuesta, criminalmente al peligro.
Quienes perpetraron este alevoso crimen, no pueden quedar impunes, hay que sentar un gran precedente para que está idiotez no se vuelva a cometer jamás de los jamaces.