En el Consejo Regional de Lima Provincias hay nombres que ya no generan sorpresa, sino indignación. Uno de ellos es Arturo Uribe, expresidente del Consejo Regional y exregidor tres veces por la provincia de Huaura, hoy sindicado como uno de los principales operadores del blindaje descarado a la gobernadora sentenciada Rosa Vásquez.
Uribe no destaca por su trabajo, ni por iniciativas, ni por defender a la población. Destaca por todo lo contrario. Su paso por el Consejo ha estado marcado por ausencias, silencios cómplices y una presencia más frecuente en eventos sociales que en sesiones de fiscalización. No por nada, en los pasillos ya es conocido como el “consejero turista”, ese que aparece cuando conviene y desaparece cuando hay que dar la cara.
Mientras Huaura enfrenta problemas urgentes, Uribe se limita a calentar el asiento, obedecer órdenes y levantar la mano cuando la gobernadora lo necesita. Fiscalización cero, independencia ninguna. Su rol parece claro: blindar, proteger y ejecutar lo que la sentenciada Rosa Vásquez ordene, sin cuestionar y sin importar el daño institucional.
La situación se vuelve aún más turbia con la presencia del exregidor SAÚL SAAVEDRA dentro de su entorno cercano. Un personaje que, pese a los cambios de gestión, sigue incrustado en el poder regional. Nadie explica cómo ni por qué, pero ahí sigue, operando en las sombras junto a Arturo Uribe, según diversas fuentes.
Lo más grave es que no se trata solo de incapacidad o desinterés, sino de presuntos vínculos con asuntos delicados que ya están siendo investigados. Información sensible, testimonios y documentos vienen siendo recopilados y pronto saldrán a la luz, dejando en evidencia lo que hoy muchos prefieren callar.
La ciudadanía debe abrir los ojos. Arturo Uribe no representa a Huaura, representa sus propios intereses y los de quienes hoy están desesperados por aferrarse al poder. Si mañana intenta volver a postular, que nadie diga que no sabía.