Conexión Chancay-Amazonía y la segunda vuelta

Estamos ad-portas de la segunda vuelta electoral y el enfrentamiento coyuntural entre candidaturas no está permitiendo una reflexión más profunda sobre uno de los temas estratégicos para el futuro del país: las oportunidades y desafíos del puerto de Chancay y su conexión con la Amazonía.

En marzo, el Consorcio internacional Conexión Chancay-Amazonía, integrado por la Universidad del Pacífico, Clark University y DAR, presentó el primer reporte de investigación sobre el impacto de este megaproyecto y sus posibles implicancias para la Amazonía peruana. El estudio plantea una advertencia clara: el país podría sobreestimar los beneficios económicos y subestimar los costos sociales, ambientales e institucionales si no existe planificación adecuada.

Las oportunidades económicas del puerto son evidentes. Con una inversión superior a los US$ 1,300 millones y una proyección inicial de más de 317,000 contenedores movilizados durante su primer año de operaciones, Chancay puede convertirse en un eje logístico regional y dinamizar la economía nacional. Sin embargo, la discusión pública ha quedado atrapada entre discursos triunfalistas y disputas coyunturales, dejando de lado preguntas fundamentales.

La primera tiene que ver con la capacidad del Estado para gestionar el impacto del proyecto. Basta recordar que pocos meses después de la inauguración del puerto, el colapso del puente de Chancay paralizó el tránsito hacia la zona. Un megaproyecto no puede sostenerse únicamente en infraestructura privada si el Estado no es capaz de responder con planificación territorial, conectividad y supervisión eficiente.

El segundo desafío es la gobernanza de la conexión con la Amazonía. Hoy existen distintas propuestas de integración promovidas desde sectores políticos, empresariales y regionales, pero sin una visión articulada de largo plazo. El riesgo es repetir experiencias como la Interoceánica Sur, donde la falta de presencia estatal y control territorial facilitó actividades ilegales y aceleró impactos ambientales.

El reporte del consorcio advierte precisamente sobre ello: sin una gobernanza oportuna, sostenible e inclusiva, la oportunidad podría convertirse en un riesgo mayor para la Amazonía. La discusión no debe centrarse únicamente en cómo conectar Chancay, sino en bajo qué condiciones, con qué reglas y con qué mecanismos de protección ambiental y social.

En esta segunda vuelta, el país necesita discutir algo más que candidaturas y confrontaciones políticas. Necesita debatir cómo aprovechar estratégicamente un proyecto que puede redefinir el desarrollo económico del Perú durante las próximas décadas. Y, sobre todo, entender que la Amazonía no puede seguir siendo observada únicamente como un territorio de paso, sino como un espacio que debe participar y liderar esta conversación nacional.

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