Por Emerson Jara
A pocos días del balotaje del 7 de junio frente a Keiko Fujimori, la campaña de segunda vuelta de Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú, parece haber entrado en una fase de naufragio irreversible. Lo que debió ser una demostración de fuerza y arrastre popular en el tramo final de la contienda se ha convertido en una sucesión de tropiezos logísticos, discursos destemplados y, sobre todo, una alarmante incapacidad de movilización. El síntoma más agudo de esta crisis se vivió hace solo unos días en la Plaza Centenario de Huaral, la tierra natal del candidato, donde el anunciado «retorno triunfal» terminó transformándose en un doloroso fiasco político.
Para cualquier aspirante a la presidencia, la provincia donde nació y creció suele ser el bastión inexpugnable, el lugar donde se refugia para captar las imágenes de multitudes fervorosas que luego se utilizarán en la propaganda nacional. Sin embargo, para Roberto Sánchez, Huaral fue el escenario de su mayor humillación en lo que va de la segunda vuelta. Las imágenes difundidas del evento en la Plaza Centenario resultaron devastadoras para las aspiraciones de la izquierda:
1.- El peso visual del vacío: Largas hileras de sillas plásticas vacías marcaron el panorama de una plaza que lució semidesierta. La reducida convocatoria desnudó la fragilidad de su estructura partidaria y provocó inmediatas comparaciones con las movilizaciones que en 2021 lograba convocar Pedro Castillo. Mientras el expresidente congregaba multitudes, la plaza huaralina de Sánchez evidenció que el candidato no despierta el mismo entusiasmo ni en su propio vecindario.
2.- Incidentes y tensión: El ambiente lánguido del mitin se vio sacudido por la intervención de la Policía Nacional, que detuvo entre la audiencia a un ciudadano armado y en presunto estado de ebriedad. Aunque el sujeto contaba con licencia, el hecho de portar el arma bajo los efectos del alcohol en pleno mitin obligó a los efectivos a cercarlo y retirarlo por peligro común. Pese al alboroto y al despliegue policial, Sánchez continuó leyendo su discurso ante los pocos presentes, en una escena que rozó el surrealismo.
Por si la falta de público no fuera suficiente, la organización del evento logró ganarse el repudio de la comunidad huaralina debido a una total falta de criterio logístico. El escenario principal fue instalado directamente frente a la Institución Educativa Virgen de Fátima y en las cercanías de un centro de salud local. «Estamos muy molestos, muy indignados, porque este ruido empezó desde las 10 de la mañana y no podemos hacer clases», manifestó una docente del plantel escolar. Los padres de familia y profesores expresaron públicamente su rechazo a la Municipalidad Provincial de Huaral por otorgar permisos para eventos proselitistas con ensordecedores equipos de sonido en pleno horario escolar, irrumpiendo el normal desarrollo académico de los niños. Lo que pretendía ser una fiesta democrática terminó como un atropello vecinal que dinamitó el ya golpeado respaldo local del candidato.
El eco del fracaso en el norte chico llegó rápidamente a las pantallas limeñas. En los principales programas de análisis político, periodistas e invitados destrozaron la consistencia de la campaña de Juntos por el Perú. El conductor Augusto Thorndike ironizó abiertamente sobre las imágenes del mitin en Huaral, señalando que la falta de convocatoria ponía en tela de juicio la legitimidad de su paso al balotaje: “Lo de Roberto Sánchez, ya, pues… ¿A quién quieren engañar? (…) No pasó de ninguna manera”, sentenció, contrastando su realidad actual con el arrastre que en su momento tuvo el voto antisistema real.
Aislado en sus propios bastiones, cuestionado por la falta de arrastre y generando anticuerpos en su propia tierra natal debido a la mala organización de sus bases, Roberto Sánchez afronta la recta final hacia el 7 de junio no con el empuje de quien disputa la presidencia, sino con el desgaste de una campaña que parece haber perdido el rumbo y la conexión con el electorado.