Chancay y el mar perdido: cuando la naturaleza se convierte en víctima del interés personal

Escribe ADRIAN JOSÉ CABEZAS MORALES: Doctor en Ciencias de Materiales Metálicos. Científico especialista en tecnologías para la protección del medio ambiente y el control de la contaminación del aire. Inventor.

Desde mis recuerdos de infancia, el litoral de Chancay era un verdadero paraíso natural. Caminaba por la arena, sentía cómo las olas llegaban suavemente a la orilla, respiraba el aire puro con un aroma incomparable y admiraba el vuelo libre de las aves que surcaban el cielo. Todo parecía vivo, vibrante y en perfecta armonía. El mar nos enseñaba la grandeza de la naturaleza y el valor de respetarla. En aquellos tiempos, nadie intentaba destruirlo; nadie buscaba alterar el equilibrio que existía entre el ser humano y este ecosistema.

Pero desde inicios de la década de 1980 hasta hoy, ese paisaje ha cambiado. Y no por necesidad ni por un desarrollo responsable, sino por la falta de voluntad para preservar la relación entre la naturaleza y nuestra comunidad.

En Chancay, gran parte de esta transformación no ha sido accidental. Durante décadas, los funcionarios públicos han incumplido su responsabilidad de proteger el litoral, permitiendo la construcción de piscinas, restaurantes y otras estructuras ilegales a lo largo de la costa. Lo más preocupante es que muchas de estas actividades generan residuos y descargas que terminan en el mar sin el control adecuado, sin consideración por el ecosistema y sin respeto por un recurso natural que pertenece a todos los peruanos.

Estos actos no buscan el bienestar del ecosistema, ni de la comunidad, ni de las generaciones futuras. Responden principalmente a intereses particulares que colocan el beneficio económico inmediato por encima de la conservación ambiental.

El resultado es evidente. El mar sufre alteraciones en sus condiciones naturales; se modifica la estabilidad de la costa, se afectan los hábitats marinos y aumenta la erosión de las playas. La fauna pierde espacios vitales para su supervivencia y los recursos que, durante generaciones, han contribuido a la alimentación y al bienestar de millones de peruanos se ven amenazados.

Esta situación recuerda las consecuencias observadas durante la Revolución Industrial en Europa, entre los siglos XVIII y XIX, cuando ríos y mares recibieron enormes cantidades de residuos industriales, productos químicos y aguas residuales sin tratamiento.

La experiencia histórica demostró que ignorar el impacto ambiental genera daños que pueden tardar décadas en revertirse. Hoy, organismos internacionales como la ONU continúan advirtiendo sobre las amenazas que enfrentan los océanos debido a la contaminación y a la explotación irresponsable de los recursos naturales.

En Chancay, lo que alguna vez fue un patrimonio natural compartido se encuentra cada vez más fragmentado bajo la mirada indiferente de los funcionarios del distrito, quienes tienen la responsabilidad de protegerlo y conservarlo.

Chancay necesita recuperar el respeto por su naturaleza. No bastan las leyes ni las regulaciones si no existe voluntad para hacerlas cumplir. Se requiere conciencia, compromiso y un verdadero sentido de responsabilidad con el presente y con las futuras generaciones. Cada piscina ilegal y cada construcción levantada fuera de la ley son recordatorios de que, cuando el interés particular se impone sobre el bien común, toda la sociedad termina perdiendo.

El mar sigue allí. No tiene voz para denunciar lo que ocurre ni para exigir protección. Por ello, corresponde a los funcionarios públicos cumplir con el deber que les fue encomendado y a la ciudadanía exigir que ese deber se cumpla. Porque el verdadero desarrollo no se mide por la cantidad de construcciones levantadas sobre la costa, sino por nuestra capacidad de preservar y transmitir a las futuras generaciones el patrimonio natural que heredamos.

”LAS PISCINAS ILEGALES INFLUYEN NEGATIVAMENTE EN EL MAR»:

1. Vertidos químicos tóxicos

El mantenimiento de una piscina requiere el uso de cloro, bromo, floculantes y alguicidas. Cuando el agua de una piscina ilegal se vacía directamente al mar o se filtra al subsuelo, estos compuestos actúan como contaminantes tóxicos.

* Efecto en la flora y fauna: los biocidas alteran el equilibrio biológico y pueden provocar la muerte de microorganismos esenciales, como el fitoplancton.

2. Alteración de la salinidad y eutrofización

Las aguas con alta concentración de sales o con exceso de nutrientes, producto de un mantenimiento inadecuado, alteran el equilibrio del medio marino.

* Eutrofización: los restos orgánicos y químicos favorecen la proliferación masiva de algas que consumen el oxígeno disuelto en el agua.

* Salinización: el vertido continuo de agua salada o la extracción descontrolada de agua de mar puede alterar las condiciones naturales del ecosistema costero.

3. Impacto físico y erosión costera

Muchas piscinas ilegales situadas cerca de la línea de costa modifican el terreno y aumentan el riesgo de erosión del litoral.

* Degradación del entorno: estas obras suelen destruir zonas de vegetación dunífera y humedales que actúan como barreras naturales de protección.

4. Riesgos por microplásticos y materiales de construcción

Los materiales plásticos utilizados en la construcción de estas piscinas, como lonas, PVC y tuberías, se degradan con el sol y la intemperie, liberando microplásticos al océano que terminan incorporándose a la cadena alimentaria marina.”

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