No al comunismo, no a la corrupción

Por Francisco Diez-Canseco Távara

La derrota del comunismo en las urnas constituye una victoria importante para la defensa de la democracia, las libertades fundamentales, la propiedad privada y la economía social de mercado. El Perú ha evitado caer nuevamente en una propuesta ideológica que, allí donde se ha aplicado, ha significado pobreza, autoritarismo y destrucción de las libertades ciudadanas.

Sin embargo, sería un gravísimo error considerar que la tarea ha terminado. La derrota del comunismo implica una enorme responsabilidad histórica: eliminar la corrupción que carcome al Estado peruano y pagar la inmensa deuda social acumulada durante décadas con los sectores más pobres y vulnerables de nuestro país. Ese es el verdadero desafío que tiene hoy Keiko Fujimori y las fuerzas democráticas que la acompañan.

La corrupción no es solamente un problema moral. Es la causa principal de la precariedad de nuestros servicios públicos. La corrupción roba los recursos destinados a hospitales, escuelas, carreteras, seguridad ciudadana y programas sociales. Mientras los corruptos se enriquecen ilícitamente, millones de peruanos siguen viviendo sin acceso adecuado a servicios básicos y oportunidades para salir adelante. Para recuperar los recursos robados y erradicar la corrupción estructural del Estado, es indispensable crear el Consejo Nacional de Moral Pública.

No basta con condenar la corrupción con discursos o declaraciones de buenas intenciones. Se requiere una decisión política real para enfrentar a las redes corruptas que se han enquistado en el Estado, depurar las instituciones públicas y establecer mecanismos efectivos de prevención y sanción.

Al mismo tiempo, el Estado tiene la obligación de saldar su deuda con los más necesitados. El crecimiento económico solo tendrá legitimidad y estabilidad si se traduce en una mejora real de la calidad de vida de los peruanos. Debemos garantizar una educación de calidad, servicios de salud eficientes, seguridad ciudadana y oportunidades de trabajo digno para todos.

El Perú necesita iniciar una nueva etapa basada en principios y no en intereses particulares. La victoria frente al comunismo debe significar también el comienzo de una gran transformación ética y social. No podemos regresar a la vieja política de promesas incumplidas, privilegios y corrupción.

La historia exige a la nueva conducción del país demostrar que la defensa de la democracia no se limita a derrotar una amenaza ideológica, sino que implica construir un Estado honesto, eficiente y verdaderamente comprometido con el bienestar del pueblo peruano.

(*) Presidente de Perú Acción

Presidente del Consejo por la Paz

Deja un comentario