Tal parece que lo ocurrido en las elecciones presidenciales con alrededor de cuarenta candidatos que distorsionaron el principio de participación, ahora está siendo imitado por gobiernos locales donde se aprecia un abultado número de candidatos a las distintas alcaldías y eso se nota en municipios distritales, así como provinciales.
El fenómeno se da en el marco del derecho que tiene todo ciudadano de elegir y ser elegido, no obstante, creemos que el principal ingrediente es el tema emotivo, es decir que la mayoría de quienes postulan son movidos por el entusiasmo, porque finalmente es poco o nada lo que conocen de gestión pública, sin embargo afectan la democracia o mejor dicho, la voluntad de los vecinos en razón de que los votos se dispersarán y puede provocar que el ganador se convierta en alcalde pero por un porcentaje reducido de votos; lamentablemente eso no piensan lo candidatos que juegan a los políticos y se lanzan a una aventura peligrosa.
En el caso de la capital de la provincia de Huaral, la actual gestión llegó al poder con el 24 por ciento de los votos, hoy, con un mayor número de candidatos ese porcentaje podría disminuir porque los votos se van a dispersar y es que estamos hablando de entre trece y quince candidatos. En Chancay y en Aucallama tenemos un fenómeno parecido y lo propio ocurre en los distritos altoandinos, aunque desde ya se ha podido establecer que en cada caso solo destacan dos o tres candidatos los que se perfilan como los más notorios.
La fiebre de candidaturas es una muestra de que se requiere de mejorar o reformar la ley electoral a fin de que los filtros sean más drásticos para contener ese entusiasmo o apetito de poder, que los candidatos tengan mínimo conocimiento de gestión pública y otras normas que garanticen la legitimidad de una votación popular. Ojalá que los candidatos reflexionen al respecto y que para una próxima oportunidad tengan la capacidad de prepararse para que accedan al poder con la responsabilidad que el caso lo amerita. No a la dispersión de votos.