Por Dante Pacheco
Tal parece que la sinvergüencería se convirtió en una enfermedad contagiosa en el mundo de la política, el contagio es grave; en los politiqueros es una característica común.
Lo del contagio lo decimos porque eso salta a la visa en el Gobierno Regional de Lima, donde la principal cara dura era la Sra. Rosa Vásquez, gobernadora que dio muestras de mentira; fue su principal característica personal, llevándolo al terreno institucional. Sus mentiras concurrentes llenaban su boca asumiéndola como algo normal, de modo que de esa manera engañó a mucha gente realizando ofertas y promesas que nunca se cumplieron, en casos no solamente mintió abiertamente, en ocasiones se dio tiempo de mezclar la verdad con la mentira, verdades o mentiras a medias, evocando a un pinocho que en este caso no era de madera, si no de carne y hueso.
Lo contagioso también salta a la vista porque quien siguió de cerca a la cholita diciendo mentiras u ocultando engorrosas situaciones fue Víctor Hugo Huaccho, alguien que fue elegido como consejero pero que se olvidó de su función y también le mintió a Huaral, como dando fe que su actitud es buena o simplemente se da cuenta que tampoco tiene sangre en la cara, tiene ahora la sinvergüencería de pretender reelegirse, no importa si esta vez postula por otro Partido, claro, cuyo dueño de ese partido -APP- es otro sinvergüenza como César Acuña.
El otro que fue contagiado y carece de sangre en su rostro es el ex Director del Hospital, Dr. Juan Diaz Amado, cuyo paso por el nosocomio de Huaral fue calificado de nefasto en razón de una desastrosa gestión, donde se hacían largas colas, donde se carecían de medicamentos, de médicos especialistas y donde campea el desorden administrativo junto con los actos corruptos y la más completa negligencia al no contar en su periodo con equipos técnicos en buenas condiciones y permitir que se pierdan más de ocho toneladas de medicinas vencidas. Este personajillo también pretende ser alcalde, no tiene sangre en la cara, tan sinvergüenza como su mentora.
Así podríamos citar a otras figuras contagiadas por la sinvergüencería de sus mentores que postulan a otros cargos. Felizmente que la población los identifica y sabrá mantenerse lejos de las caras duras que dejó Rosita Vásquez y se vacunarán contra la sinvergüencería con una poderosa dosis de verdad, se alejarán de estas caras duras y sabrán elegir a los que se merecen otorgarles la confianza. No a los sinvergüenzas.