Por Dante Pacheco
Ante la inseguridad campante, los asesinatos de transportistas y empresarios a manos de organizaciones criminales, el gobierno sigue pidiendo paciencia a una población que ya no tiene capacidad de “aguante”. El oficialismo salió a justificar el pedido de paciencia bajo el argumento de que recién tiene poco más de veinte días en la gestión; sin embargo, tenemos la postura de quienes reclaman que, si Keiko se estuvo preparando veinte años para gobernar, por qué razón no tenía un plan sobre la inseguridad ciudadana, porque al parecer no se tiene nada o lo que se tiene no está surtiendo efecto.
En anteriores comentarios hemos señalado que, de parte de la presidenta, Keiko Fujimori, no se tiene ni un solo gesto que denote su preocupación por enfrentar la inseguridad ciudadana y no sabemos si efectivamente carece de un plan o el que tiene no funciona o se trata de una estrategia. Decíamos que uno de los gestos seria retirar del cargo al General PNP Oscar Arriola por falta de resultados en la lucha contra la criminalidad, porque aun cuando se habla de una ley que protege la permanencia de ese general por dos años, tampoco se puede aceptar que si un funcionario no cumple con su labor, es un incompetente y por lo tanto no se ofrecen resultados, entonces se le retira la confianza y se le obliga a renunciar al cargo; Keiko y su incapaz ministro del Interior deben entender que primero está el Perú y el derecho a la vida de todos los ciudadanos, incluyendo la de los transportistas.
Lo otro que preocupa es la demora en la presentación del pedido de facultades legislativas, que en el caso particular de la seguridad ciudadana pueden ser efectivas, pero cómo aplicarlas a través de la policía si el comandante general de esa institución no funciona.
Los transportistas y las decenas de hogares enlutados por crueles asesinatos no creen en paciencia, solo reclaman justicia y que no se siga derramando sangre de inocentes a consecuencia de las extorsiones. Paciencia tenemos, pero no para seguir siendo testigos de mayor derramamiento de sangre.