Alcalde Juan Álvarez Andrade evade responder si OSITRÁN debe supervisar el Puerto de Chancay

Por Jaime Toledo

La reciente decisión del Poder Judicial que prohíbe a Ositrán supervisar, fiscalizar y sancionar las actividades del Puerto de Chancay ha generado un intenso debate jurídico y político en el país, especialmente por sus implicancias en materia de regulación, soberanía y control estatal de infraestructuras estratégicas.

Como es de conocimiento público, el Poder Judicial declaró fundada la acción de amparo presentada por Cosco Shipping Ports Chancay Perú S.A. y ordenó que Ositrán se abstenga de ejercer funciones regulatorias sobre el terminal portuario.

El juzgado determinó que el Puerto de Chancay constituye una infraestructura de titularidad privada y de uso público, financiada íntegramente con capital privado y sin contrato de concesión estatal. En ese sentido, concluyó que no corresponde aplicar el régimen de regulación integral propio de infraestructuras concesionadas, ya que ello vulneraría los derechos constitucionales de propiedad, libertad de empresa y seguridad jurídica de la empresa demandante.

Asimismo, precisó que el carácter de “uso público” del puerto constituye únicamente una condición funcional del servicio y no habilita automáticamente la aplicación del marco jurídico previsto para puertos concesionados por el Estado.

La relevancia del Puerto de Chancay trasciende el ámbito local. El proyecto, que involucra capitales vinculados a la República Popular China, ha sido observado por el gobierno de Estados Unidos, que ha manifestado preocupación por la creciente presencia estratégica china en infraestructura portuaria de América Latina.

Desde sectores políticos y diplomáticos estadounidenses se ha advertido que el control de puertos estratégicos por empresas vinculadas al Estado chino podría tener implicancias geopolíticas, comerciales y de seguridad en la región. En ese contexto, la exclusión de Ositrán como ente supervisor podría interpretarse como un debilitamiento del rol regulador del Estado peruano en una infraestructura considerada estratégica para el comercio internacional.

Pese a la trascendencia del fallo, el alcalde del distrito de Chancay, Juan Álvarez Andrade, oportunamente no emitió un pronunciamiento claro respecto a si considera necesaria o no la intervención de OSITRÁN en la supervisión del puerto.

Esta mañana, en entrevista en Radio Programas del Perú, ante la pregunta directa del periodista Jorge Rodríguez:

¿ALCALDE, OSITRÁN DEBE ENCARGARSE DE LA SUPERVISIÓN DE LAS ACTIVIDADES DEL PUERTO DE CHANCAY…?

La respuesta del burgomaestre fue:

“CON OSITRÁN O SIN OSITRÁN, IGUAL ESTÁ SUPERVISADO, VIGILADO EL PUERTO DE CHANCAY…”

Una afirmación que ha sido considerada por diversos sectores como evasiva y carente de precisión jurídica. Más aún si se toma en cuenta que el alcalde no solo ostenta un cargo político, sino que también es abogado, por lo que podría haber emitido una opinión estrictamente técnica sobre la necesidad o no de supervisión estatal especializada.

El hecho de que el alcalde no haya cuestionado ni respaldado explícitamente la decisión judicial, sumado a su respuesta ambigua en medios de comunicación, ha despertado suspicacias en parte de la ciudadanía. Algunos sectores consideran que su postura evidenciaría conformidad con la exclusión de OSITRÁN y, en consecuencia, con un modelo de supervisión menos visible por parte del Estado.

Además, se le atribuye cierta afinidad política y discursiva con el proyecto impulsado por capitales chinos, lo que alimenta la percepción de que existiría una posición favorable a la consolidación de un esquema de gestión con menor injerencia regulatoria nacional.

UN DEBATE DE FONDO: REGULACIÓN Y SOBERANÍA

Más allá de posiciones individuales, el debate central gira en torno a una cuestión clave: ¿Debe el Estado peruano, a través de sus organismos reguladores, mantener facultades de supervisión sobre infraestructuras estratégicas de uso público, aun cuando sean de titularidad privada?

El Puerto de Chancay no es solo una inversión privada; es una plataforma logística con impacto nacional e internacional. La decisión judicial abre una discusión profunda sobre los límites del control estatal, la defensa de la soberanía económica y el equilibrio entre promoción de la inversión privada y tutela del interés público.

Mientras tanto, la ciudadanía de Chancay y el país entero esperan una postura clara de sus autoridades locales y nacionales frente a un tema que trasciende lo jurídico y se proyecta hacia el futuro geopolítico del Perú.

Carla García anuncia candidatura de Juan Álvarez Andrade al Gobierno Regional de Lima, pero el anuncio genera rechazo en Chancay

Este último fin de semana, Carla García, hija del expresidente Alan García Pérez, reapareció en la escena política nacional al anunciar desde el distrito de Chancay la candidatura de Juan Álvarez Andrade, actual alcalde del distrito, para el Gobierno Regional de Lima.

El anuncio se realizó en un acto partidario desarrollado en el local “La Agonía”, donde la presencia de la hija del ex líder aprista generó expectativa, pero también críticas en amplios sectores de la población.

Durante su intervención, Carla García resaltó las cualidades de Álvarez Andrade —conocido popularmente como “Juanelo”—, señalando que representa una nueva alternativa de liderazgo regional. Sin embargo, sus palabras contrastaron con el sentir ciudadano de gran parte de la población chancayana, que cuestiona duramente la gestión del actual alcalde.

Juan Álvarez Andrade atraviesa un periodo de fuerte desgaste político. Su administración municipal ha sido blanco de críticas por su falta de defensa oportuna a la población del puerto de Chancay, que en reiteradas ocasiones ha denunciado los supuestos abusos y atropellos cometidos por la empresa Cosco Shipping durante la construcción del megapuerto. Vecinos y dirigentes locales han reclamado que el alcalde no asumió una posición firme frente a los intereses de la empresa china, dejando en indefensión a cientos de familias afectadas por la contaminación, el ruido y la pérdida de espacios públicos.

A ello se suma la percepción generalizada de que su gestión edil no ha estado a la altura de las expectativas. La falta de obras de impacto, la débil fiscalización y la desconexión con los problemas reales de los barrios y centros poblados han generado un profundo malestar ciudadano. Por ello, el anuncio de su candidatura regional ha sido recibido con escepticismo y rechazo tanto en Chancay como en otras provincias de la región Lima.

El respaldo de Carla García, si bien simbólicamente tiene peso por su apellido, no ha logrado revertir la percepción negativa hacia Álvarez Andrade, quien enfrenta un evidente desgaste político. Analistas locales advierten que su postulación podría dividir aún más al electorado y fortalecer a otras opciones regionales que hoy capitalizan el descontento ciudadano.

En conclusión, la presentación de Juan Álvarez Andrade como candidato al Gobierno Regional de Lima, lejos de generar entusiasmo, ha reavivado el debate sobre la falta de liderazgo local y la desconexión de las autoridades con las verdaderas demandas de la población chancayana.

El gesto político de Carla García, más allá de su valor mediático, no alcanza para borrar las sombras que pesan sobre una gestión municipal que muchos consideran fallida.

Juan Álvarez Andrade: cuando un alcalde pierde los papeles

Hace unos días, un lamentable episodio se registró en el distrito de Chancay, protagonizado por su máxima autoridad municipal, el alcalde Juan Álvarez Andrade, quien perdió la compostura en un espacio público al confrontar de forma agresiva y verbal al periodista Pedro Camacho Cabrera.

Según lo registrado en video, el alcalde enrostró al comunicador que, en un momento anterior y presuntamente bajo los efectos del alcohol, realizó comentarios ofensivos hacia su persona y su familia. Este hecho, según el propio Álvarez Andrade, justificaría su negativa a brindar declaraciones a dicho periodista, elevando su voz en un tono hostil, en presencia de otros ciudadanos y medios.

Sin embargo, lo que agrava aún más la situación es que Pedro Camacho ya había ofrecido públicamente disculpas por aquel episodio.

En una sociedad democrática, el diálogo y el perdón deberían ser pilares para la reconciliación y la convivencia, especialmente cuando los errores han sido reconocidos y asumidos.

La actitud del alcalde no solo dejó un mal ejemplo ante la opinión pública, sino que también encendió las alarmas sobre los límites que las autoridades deben respetar en su trato con la prensa. En lugar de ejercer su derecho al reclamo por vías institucionales o privadas, eligió la confrontación pública, olvidando que representa a todo un distrito y que cada uno de sus actos influye en la percepción ciudadana sobre la autoridad.

Ser autoridad exige algo más que ocupar un cargo: implica responsabilidad, autocontrol y respeto incluso ante la crítica. Los periodistas, aunque imperfectos como cualquier ser humano, cumplen una función esencial en la democracia: informar, fiscalizar y dar voz a la ciudadanía.

Reaccionar con ataques personales, especialmente cuando ya se ha pedido disculpas, no es propio de un líder.

Ojalá este episodio sirva como punto de inflexión para fomentar un ambiente de mayor tolerancia, madurez y profesionalismo tanto en el ejercicio del periodismo como en el desempeño del poder público.