Uno de los grandes problemas que tiene nuestro país, es que somos demasiado condescendientes con la corrupción, es por eso que Keiko ha pasado tres veces a la segunda vuelta y Fujimori antes de la reelección, tenía altos niveles de apoyo en la población.
Esa perniciosa he inveterada tolerancia hacia los gobernantes corruptos no es de ahora, es de toda la historia republicana y es que, a diferencia de las sociedades con alto grado de institucionalidad, nuestra sociedad o mejor dicho los individuos no nos identificamos con el Estado, lo vemos como un ente abstracto, no somos conscientes de que el Estado somos todos, no concebimos que es nuestra nación jurídicamente organizada sobre el territorio patrio, lo vemos como un ente lejano, y muchas veces abusivo, de tal manera que cuando le roban al Estado, el peruano no lo siente como un robo así mismo y eso sucede porque no hay ciudadanía, ni tampoco institucionalidad. Somos individuos, pero no ciudadanos peruanos en todo el sentido de la palabra.
Un hecho que evidencia nuestra tolerancia a la corrupción es el caso del presidente Castillo, no importa que esté rodeado de malandrines y forajidos, no importa que haya direccionado licitaciones por interpósita persona y sus familiares, no importa que su entorno más cercano esté fugado, para un 25 % de la población nada de eso importa.
Pero lo que considero una inautenticidad absoluta es de aquellas personas que condenan la corrupción siempre y cuando sea de derecha y que justifican la deshonestidad de Pedro Castillo con argumentos tan inmorales cómo estos:
«pero si la derecha ha robado durante más de 200, años,
«Es víctima de quienes siempre le han robado al país
«Es una conspiración por qué es indio o serrano»
Lo quieren sacar por qué es serrano y porque es un humilde profesor»
Estos argumentos falaces y sofísticos demuestran que para muchos la honestidad es una cuestión de ideología, solo roban los de derecha, no los de izquierda, pero la verdad es otra, la corrupción no tiene partido está encarnada hasta los tuétanos en toda nuestra sociedad, tanto en la izquierda como en la derecha.
Que la derecha ha robado es cierto, que tenemos una clase política de lo peor, es cierto, que tenemos una clase empresarial rentista y mercantilista, es cierto, que los medios de comunicación defienden intereses y el periodista hace mucho tiempo que dejó de ser el testigo insobornable de su época, es cierto.
Pero nada de eso justifica el robo y la ineptitud del presidente Castillo, sostener ingenuamente, que todo lo que se ha descubierto es fruto de una conspiración de los grupos de poder, es pecar de inocente,
Cuánto me hubiera gustado que el hombre por el que vote y defendí, hubiera emulado a Pepe Mujica, que al menos lo hubiera intentado, pero desgraciadamente la ambición, la codicia el querer ser rico, de la noche a la mañana cómo si el dinero lo fuera todo en la vida, lo condujeron por el sendero oscuro del miasma y la podredumbre y ahora nos encontramos que aquel que nos salvó de la mafia fujimorista, ha implementado una nueva versión de la cosa nostra,»los chotanos».
Que hemos hecho los peruanos para merecer tanta desgracia, hasta cuándo seguiremos hundiéndonos en la ciénaga o de la corrupción y la incapacidad.
Mientras la corrupción siga carcomiendo los cimientos de nuestra endeble democracia el Perú seguirá siendo una paisnibiable, urge una desinfección total en todo nuestro país es hora de empezar a luchar decididamente contra este carcinoma.